LUNES | 24 de Septiembre de 2018
14.02.2018 |
EL ESPACIO DE ALBERTO BORRINI

Borrini reflexiona sobre la nueva película de Spielberg y las licencias que se toma respecto a la historia en la que se basa.

  • “Si había un momento particularmente propicio para hacer un legítimo homenaje a la libertad de prensa y a los periodistas, era éste”, asegura Borrini.

Pude ver The Post varios días antes de su estreno oficial. Una gran película, aunque a mi juicio no la mejor de un director de la talla de Steven Spielberg, uno de los grandes narradores cinematográficos de las últimas décadas. Con una pila de distinciones y nominaciones, The Post es una de las más serias aspirantes a llevarse el Oscar este año. Por la película y por la actuación de algunos intérpretes: en primer término Meryl Streep, que personifica a Kate Graham, directora y propietaria del periódico, y Tom Hanks, en el rol de Ben Bradley, director ejecutivo. El filme llegó precedido de una intensa publicidad, mayormente fogoneada por la prensa que tanto se identificó con la historia.
Spielberg es más que un dotado director y productor; también, y no es un dato menor, es uno de los más finos capturadores de la realidad cinematográfica, social y política en que se verán sus obras. En The Post, una historia que en su versión original tenía varios héroes, optó por un cambio de sexo centrado en la intervención de una mujer valiente que permite verla también como pionera de un feminismo muy en boga en la actualidad.
Porque si había un momento particularmente propicio para hacer un legítimo homenaje a la libertad de prensa y a los periodistas, que muchas veces se juegan la vida para ser fieles a sus principios, era éste.
Con un Presidente como Donald Trump, centrado más en sí mismo que en el país donde fue votado para gobernar, cuestionado hasta por su propio partido, quién duda de que la película tiene asegurada una agradecida recepción por parte del sector que puede influir en la obtención del máximo galardón de la Academia a principios de marzo.
Pero The Post se abre a múltiples miradas de la crítica y del público en general, entre ellas el carácter explícitamente feminista de la obra que recalcó con especial énfasis su autor, al centrar la acción y el crédito de la crucial decisión de publicar los secretos del Pentágono en Kate Graham, su máxima responsable institucional. La película sigue paso a paso, a través de una maravillosa interpretación de Meryl Streep, candidata a su vez al Oscar, la gestación de un desenlace que pudo costarle la cárcel e incluso la pérdida del diario que recibió de su marido y sobre el que tenía el deber de hacerlo prosperar pese al predominio ejercido hasta ese momento por el poderoso New York Times.
Los sucesos narrados por Spielberg trascurren entre 1973 y 1975, cuando los cadáveres de la guerra en Vietnam agobiaban la conciencia de los norteamericanos. La publicación causó la dimisión, en agosto de 1974, del presidente Richard Nixon y convirtió al Post en un paradigma del periodismo de investigación admirado en su país y en el exterior.
Confieso que, personalmente, tenía un motivo más para ver la película. Había conocido personalmente a la heroína, Kate Graham, durante la única visita que hizo a Buenos Aires como dueña también de la revista Newsweek, de la que el semanario Primera Plana, donde me desempeñaba como prosecretario, tenía los derechos exclusivos en el país. Creo que este episodio quedó registrado con más detalles en mi biografía, Entre marcas, editada hace unos meses por Eudeba.
The Post muestra a la Graham mayor de lo que era en realidad en ese momento. Tenía alrededor de 38 años en 1974, y en su autobiografía, varios años después, reveló que su función en la crucial decisión fue “periférica”. Más tuvo que ver el veterano Ben Bradley, director general del diario. Bradley, en 1974 ya había cumplido 50 años, aquilataba un reconocido prestigio en el ramo. De hecho, fue el que pidió a Graham que comprara la revista Newsweek, que estaba al borde la quiebra, y la reflotó con un estilo parecido al que había levantado la imagen y la circulación del Post.
En su libro autobiográfico La vida de un periodista, Bradley se atribuye la decisión de haber animado a dos periodistas de la sección policial del Post a hacer los sondeos iniciales que tres años después, en 1976, sirvieron de base para filmar Todos los hombres del presidente con dos famosos actores: Robert Redford como Bob Woodward y Dustin Hoffman en el rol de Carl Bernstein. Jason Robards personificó a Bradley. Con la dirección de Alan Pakula, la película amplió la hazaña del Post en los cines de medio mundo.
Lo curioso del caso es que Spielberg jamás mencionó este antecedente, ni siquiera para señalar los cambios que había introducido en la historia original. Extraño porque Spielberg, nacido en 1946, ya tenía alrededor de 30 años cuando se estrenó Todos los hombres del presidente. Pero es evidente que la figura de un personaje masculino, la de Bradley no permitía, en 2018, lograr el efecto que obtuvo poniendo en primer plano a una mujer, Kate Graham.
La omisión es relevante porque no sólo la cometió el director y productor, sino también la mayoría de las reseñas críticas que celebraron The Post y el inicio de su carrera hacia el Oscar. Justo es también consignar que la cinta de Spielberg, hasta donde puedo recordar, se perfila como una obra más lograda que la de Pakula, con más afán por explicar los hechos a audiencias internacionales que el que exige ahora.

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