SáBADO | 18 de Agosto de 2018
01.02.2018 |
UNA REAPARICIÓN INESPERADA

(Por Edgardo Ritacco, director periodístico de Adlatina.com) – Quedaron fuera de circulación comercial a fines de los años 80, desplazados por la bruñida superficie de los CDs, y su último refugio parecía ser las tiendas de objetos usados llenos de polvo. Pero reaparecieron –al principio, lentamente– hace pocos años, y actualmente grandes compañías como Sony han anunciado que volverán a fabricarlos masivamente.

  • El vinilo en acción: ahora con reproductores perfeccionados, vuelve a ocupar un lugar importante en la industria discográfica.

Debieron pasar casi tres décadas para que una compañía como Sony anunciara que comenzaría a producir nuevamente discos de vinilo. Un artículo que parecía desechado definitivamente al terminar los años 80 volvía a ganar un espacio en la industria discográfica, cuando ya se lo veía como un medio sólo reservado a los nostálgicos y los coleccionistas de música.
La novedad, que hasta hace meses era algo reservado a un nicho, sorprendió a todo el mundo. ¿Cómo era posible que el ubicuo CD, de sonido aparentemente impecable y resistente como ninguno hasta a los tratos más despiadados de los usuarios, empezara a ceder terreno frente a esos “enormes” trastos de vinilo, que requerían de un uso especial en bandejas giradiscos y pick-ups con púas de duración limitada, que para casi todos eran cosa del pasado?
Apresurémonos a decir que “ceder terreno” es una expresión relativa. El dominio de los discos compactos o CDs es abrumador en el mercado: no en vano estuvo libre competencia desde que la misma Sony y otras grabadoras dejaron de fabricar las unidades de vinilo en 1989. Pero a pesar de la creciente popularidad de servicios de música digital como Spotify, las grabaciones de la vieja escuela se están colando otra vez en las estadísticas y los locales de venta. La consultora Deloitte pronosticó que el vinilo, como industria, generaría un crecimiento de dos dígitos en 2018, y que vendería 40 millones de discos, para generar unos 900 millones de dólares en ganancias para las grabadoras.
Estas cifras crudas se pueden apreciar con más facilidad diciendo que los vinilos podrían representar hoy hasta un 18% de los ingresos de música física grabada. Paralelamente, se verían beneficiadas las industrias de aparatos reproductores, púas y otros accesorios necesarios para reproducir la música de los vinilos.

Nuevos reproductores
Sony y Panasonic ya lanzaron el año pasado nuevos modelos de tocadiscos. Una portavoz de Sony anunció que la empresa reactivará la producción de vinilos para marzo de 2018 en una fábrica ubicada al sudoeste de Tokio, pero no se explayó sobre el contenido.
La marca instaló en febrero de 2017 una máquina de grabación analógica que hace copias maestras de discos para la producción en masa, y ahora está presentando una maquina de impresión, informó Alec Macfarlane, de CNN Money.
El mayor desafío de la resucitada industria es la falta de ingenieros experimentados en la fabricación de discos. Los hombres que trabajaban en ese sector están regresando a la empresa como consejeros, según la vocera. Se trata de personas de entre 70 y 90 años, que se muestran emocionadas por volver a su antigua actividad, a la que creían enterrada definitivamente en sus recuerdos.
Los pronósticos de ventas de vinilos todavía están muy lejos de sus años mozos –a fines de los 70 y comienzos de los 80–, cuando sólo en Estados Unidos se vendía más de medio millón de discos por año. Pero lo cierto es que ni Spotify ni ningún otro servicio de música en streaming generó más ingresos desde 2015 que los discos de vinilo. De hecho, el crecimiento de este soporte ha sido exponencial y alcanzó su nivel más alto desde 1988.
Hay quienes se preguntan cómo es posible que, en una época en la que formatos digitales permiten tener la música al alcance de la mano en cualquier momento y lugar, sean los analógicos los que más crezcan. Al parecer, la clave se encuentra en una combinación de sonido y experiencia.

La calidad del sonido
Los interrogantes son varios. Por ejemplo, ¿suenan mejor los discos de vinilo que los CDs, como aseguran sus fans?
Al parecer, la respuesta es que no suenan mejor ni peor: suenan diferente.
Mientras los vinilos, al ser analógicos, son en teoría una reproducción exacta de la onda de audio original, los CDs, al pasar por un proceso de conversión al formato digital, sufren una pérdida de información que les impide almacenar toda la onda de sonido.
Pero ese sonido supuestamente más “fidedigno” que contiene el vinilo, no puede ser reproducido con exactitud tal como se ha grabado. Es decir: el sonido se almacena tal cual es, pero llega al oyente de otra manera, sostienen algunos expertos.
Otro factor que añaden los conocedores es que el vinilo requiere –para evitar distorsiones– de un rango dinámico (la diferencia entre la nota más alta y la más baja) más limitado, lo que provoca la pérdida de agudos. Por eso, tal vez, los aficionados al vinilo dicen que su sonido es “más cálido” y agradable al oído, mientras que el CD puede resultar más frío.
También se sostiene que el vinilo ofrece un sonido “con más cuerpo” o más grueso. Eso se debería a la distorsión y las vibraciones que provocan las ondas sonoras de los altavoces y el vaivén de la púa sobre los surcos. Pero este punto tampoco queda claro, porque los CDs también llegan a los oyentes a través de altavoces, por ejemplo.
En suma, muchas de las virtudes que se atribuyen a los vinilos serían consecuencias de sus defectos, pero aún así, muchos sostienen que en eso reside parte de su encanto. Además, los giradiscos y el resto de los accesorios han mejorado notablemente la calidad que tenían en los años 80, al reducir, por caso, el famoso “ruido a púa” o los saltos provocados por fallas en el surco del disco, que casi siempre se deben al uso poco cuidadoso de sus dueños.

Otra vez el ritual
Es muy importante tener en cuenta que el uso del vinilo se vuelve a convertir en un ritual en el momento de escuchar música. Mientras hoy se pueden reproducir temas musicales en casi cualquier parte, con el vinilo, en cambio, se trata de escuchar música y no hacer otra cosa a la vez. La experiencia de quienes empezaron a usar los discos de vinilo desde que aparecieron en el mundo (alrededor de 1958, con los recordados long plays) revive en las manos de los jóvenes o los adultos que vivieron el notable paso de los discos de pasta de 78 RPM a los LP. En ese momento se produjeron varias cosas de máxima importancia: el sonido mejoró notablemente (con la aparición, incluso, de las grabaciones estereofónicas) y el material irrompible aseguraba una duración que nunca tuvieron las viejas placas de pasta. La “alta fidelidad” parecía, en ese momento, una cumbre difícil de superar por las empresas grabadoras, y esa sensación se extendió hasta la llegada de los discos compactos, que, a su vez, también parecieron insuperables en su momento.
Pero el vinilo, calladamente, llegó al escenario como una moda retro que empezó a apoderarse de las voluntades, tanto de los nostálgicos como de los jóvenes, especialmente los millennials y la generación Z, siempre en búsqueda de novedades.
Larga vida al vinilo. No parece ser una moda pasajera.

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