LUNES | 25 de Junio de 2018
07.12.2007 |
DESDE SEPTIEMBRE DE 2007 HASTA JULIO DE 2008

La Fundación Joan Miró abrió las puertas a la joven creación japonesa. A lo largo de cinco exposiciones invita al espectador a descubrir las obras más sorprendentes de artistas muy jóvenes que componen un retrato de la sociedad japonesa de la actualidad.

  • Obra de Takano que se puede ver en el Espai 13 de la Fundació Miró de Barcelona.
  • El ciclo se extenderá desde el 21 de septiembre de 2007 hasta el 20 de julio de 2008.
  • La estética de las mujeres niñas se extiende por Japón.
  • Una de las obras que expone Erina Matsui.
  • Takano representa el cruce generacional entre la cultura del comic con la tradición japonesa.
  • Piercing a Heart de Chiho Aoshima (2002) es una inyección de tinta sobre papel.
  • Los artistas kawaii crean un mundo onírico y delicado, donde el sexo siempre está implícito.

En japonés, la palabra Kawaii significa “mono”, “lindo” y designa lo que es pequeño e infantil. Se ha convertido en una palabra importante para los nipones, una sociedad totalmente obsesionada con la inocencia y la iconografía naïf. Tanto chicos como adultos se identifican con una nueva estética e imaginería infantil.
Esta nueva mitología que tiene a adolescentes con faldas plisadas y personajes como Hello Kitty como heroínas, aparece en la moda, tecnología, accesorios y arte, y constituye el símbolo de una profunda nostalgia de la infancia. Conocida como Kawaii -que más que una moda es una forma de pensar y de ser- está invadiendo el mundo asiático, Europa y Estados Unidos.


De ahí viene el nombre del ciclo de cinco exposiciones de la Fundación Joan Miró -¡Kawaii! Japón ahora- en torno a la sociedad japonesa actual y sus creadores más jóvenes. En ella se ven  desde chicas con quimono a otras con ropa ultramoderna, arquitectura hi-tech o templos de madera. Tradición y modernidad conviven cotidianamente en las calles de Tokio, y los artistas actuales se apropian de la tradición para reinventarla y recrearla.


El fenómeno tomó tal envergadura que los filósofos y sociólogos lo están estudiando. Los análisis subrayan la otra cara de Kawaii: un profundo nihilismo, la negación del presente social a favor de un retorno a la infancia; el reflejo, en definitiva, del descontento de la sociedad japonesa.
Cada una de las cinco muestras sumergirá al visitante en el universo a menudo sorprendente y extraño de un artista, al tiempo que lo aproximará a alguno de los grandes temas que conforman el retrato de la sociedad japonesa actual. La ósmosis entre tradición y modernidad, los problemas sociales y económicos, la relación con la infancia y la búsqueda de la identidad son algunas de las perspectivas que se proyectan en las obras de Aya Takano, Erina Matsui, Chiho Aoshima, Tomoko Sawada y Kowei Nawa. Cuatro chicas y un chico, con edades comprendidas entre los 23 y los 33 años, que llenarán el Espai 13 con sus pinturas, dibujos, esculturas, películas de animación, fotografías e instalaciones, creando espacios para la experimentación.

Los artistas Kawaii
Una de las características de los artistas de Kawaii es su interés por la creación de accesorios y complementos de moda decorados con su obra, de modo que el arte no se resigna al confinamiento en el museo, sino que se integra en la vida cotidiana y se pasea por las calles.
Las obras, en su mayor parte realizadas expresamente para el Espai 13, implicaron una transformación del espacio por medio de grandes murales, proyecciones e instalaciones, e introducen al visitante en algunas de las tendencias artísticas que conviven en Japón en este momento: la confluencia de tradición y modernidad, el problema de la identidad, la infancia del arte, la crónica del Japón de nuestros días o la poesía de la extrañeza.
Estos artistas reflejan una realidad nipona: el sentimiento de volver hacia la infancia no es exclusivo de los jóvenes. La fascinación de niños y adultos por los dibujos animados y los objetos como llaveros o colgantes, conocidos como fanshi guzzu -del inglés fancy goods-, han pasado a formar parte de la vida cotidiana.


 


Un mundo onírico


A pesar del gran poder económico que proyectó al mundo la imagen de un país con tecnología de punta, Japón vive desde hace unos años el pinchazo de la burbuja económica. El desempleo y la precariedad laboral han pasado a ser corrientes en la vida cotidiana de los japoneses y en las creaciones de los artistas. Esta evocación, no obstante, en lugar de mostrarse como una constatación del estado del mundo, se ha convertido en una oportunidad para abrir la puerta a la imaginación y lo extraño. Así, Matsui (Okayama, 1984) presenta un mundo personal lleno de visiones extrañas y poéticas.


Y no es la única. Muchos otros artistas japoneses se están cuestionando la frontera entre visión y percepción, creando un mundo onírico y delicado. También Nawa (Osaka, 1975), con sus dibujos, esculturas e instalaciones, juega con la clásica percepción del mundo e inventa objetos llenos de poesía y extrañeza. Proyectando imágenes sobre el agua, recubriendo objetos con cuentas de cristal, invadiendo el espacio con gigantescas formas moleculares, esta artista transforma el estado original de una imagen, de una cosa o de un lugar.


Las obras de Takano y Aoshima se inscriben también en la esfera Kawaii, destacando su lado subversivo y falsamente inocente. Las muchachas en quimono de grandes ojos y gráciles cuerpos de Takano (Saitama, 1976) evocan tanto las estampas tradicionales japonesas como las chicas emancipadas que pululan por las calles de Tokio. Por su parte, Aoshima (Tokio, 1974) imagina un mundo onírico y sorprendente en sus dibujos de colores ácidos generados por computadora. Su universo se mueve a menudo entre la pesadilla y la angustia, y sus personajes dudan entre la magia y la violencia de la realidad.
Estas artistas retratan en detalle la metaformosis de la figura de la mujer actual. Como dijo la curadora de la exposición, Hélène Kelmachter, las chicas japonesas pasan cada vez más tiempo en la calle, vestidas de forma ostentosa para ser vistas y fotografiadas. Las shôjo, las adolescentes japonesas, son el símbolo de una mutación de la sociedad. Se definen como mujeres-niña, en estado de suspensión entre la infancia y la edad adulta. Entre colegiala y femme fatale, la gyaru –del inglés girl (chica), a la japonesa – es realmente la nueva fuerza social y cultural en Japón.

Aya Takano en Barcelona 
Takano es la primera invitada del proyecto. Pionera del grupo post-posmoderno Superflat (superplano), que quería fundir la cultura mediática japonesa con el manga y el arte pop, ella representa mejor que nadie el cruce generacional entre el manga y la cultura del comic con la tradición japonesa más elevada.
Esta joven artista se inspira en la pintura antigua ukiyo-e (las imágenes del mundo flotante) para cambiarla e inventar un mundo en el que las adolescentes de miembros desmesuradamente alargados, vestidas con quimono, parecen levitar. Sus pinturas tienen ecos del arte del período Edo (1603-1868), y también aluden al Japón de hoy. Sus acuarelas, con un marcado acento erótico, remiten a la tradición de las shunga (imágenes de primavera), que representaban parejas de amantes y de prostitutas de los salones de té.
Escenas orgiásticas con adolescentes medio desnudas que devoran tentáculos de pulpos o jabalíes bajo la luz festiva de los farolillos; visiones nocturnas de un Tokio bañado por una iluminación que le confiere un aspecto onírico; escenas de intimidad erótica entre dos muchachas en quimono, con las mejillas sonrojadas por una primera emoción amorosa: Takano crea un mundo, que es el suyo, donde confluyen los aspectos más contradictorios y fascinantes del Japón contemporáneo.
Esta artista, además de pintora, es dibujante de mangas y escritora de ciencia ficción, y ha trabajado en la concepción visual de videojuegos, así como en la realización de películas de animación.
La segunda cita con el arte joven nipón es con la presentación de los autorretratos de Erina Matsui. El ciclo continuará con las pinturas psicodélicas de Chiho Aoshima y las fotografías de Tomoko Sawada, y concluirá con las esculturas de Kowei Nawa, el único hombre de la selección.

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