JUEVES | 19 de Octubre de 2017
13.03.2017 |
EL ESPACIO DEL GIECI

Segunda parte de un estudio sobre la influencia del diseño en el paisaje urbano, la eficiencia de los servicios y la calidad de vida. Entre otros axiomas, afirma que “el desorden crece siempre en las cosas que el hombre crea”, y propone su solución para hacer más agradable y transparente el entorno cotidiano.

  • “El derecho a la ciudad es el derecho al espacio, el aire que respiramos y el disfrute del entorno”, sostiene Costa.

Si lo contrario de servir es dominar, lo contrario de informar es confundir, y lo contrario de agradabilidad y transparencia es saturación y atiborramiento del entorno. La degradación de la función de comunicar, de informar y servir es el desorden visual y el caos.
Uno de los grandes axiomas de nuestra visión del mundo es que “el desorden crece siempre en las cosas que el hombre crea”. Y que éste siempre tiene que ejercer una acción correctora, sistemática, para luchar contra la complejidad que el entorno genera.
Nuestro escenario de la vida cotidiana es agredido, no sólo por los desperdicios materiales de una sociedad industrial y consumidora, ni por el ruido o los residuos químicos que contaminan el agua y el aire que respiramos, además de la inercia burocrática, la pereza mental y el vandalismo, sino también por las decisiones equivocadas que tomamos al respecto.
Los estudios experimentales señalan que quienes deciden la organización y la apariencia de las ciudades que están tratando el metabolismo acelerado de la ciudad. El espacio es tanto más legible, y por lo tanto más y mejor utilizable, cuanto:
1. menor sea la información que deba concretarse sin ambigüedad en función de su utilidad, y
2. más clara y precisa sea esta información, y por consiguiente cuanto menos tiempo y esfuerzo se exija a la visión que se pide a la información.

Basura material y basura semiótica
La polución visual es uno de los aspectos menos atendidos pese a ser tan evidente esta agresión a la calidad de vida que la teoría de la información llama en general “ruido”. En nuestro caso se trata del ruido visual que se interpone entre el espacio público que debería ser transparente, ordenado y silencioso pero generoso y atractivo, y el equilibrio psíquico de los individuos.
¿Cómo proceder, pues, para hacer que nuestro entorno cotidiano facilite los usos sociales de las ciudades, cada vez más complejas y saturadas, volverlas más agradables para sus habitantes, visitantes y turistas, al tiempo que mejora el acceso a sus servicios?
Antes, será necesario entender que hay que abordar estos problemas desde un ángulo profesional nuevo, mediante la formación de grupos de trabajo interdisciplinarios a los que, junto al responsable de la organización y la apariencia de las ciudades, es decir urbanistas, arquitectos y paisajistas, se sumen diseñadores, visualistas, ergonomistas e ingenieros en nuevas tecnologías. Es decir, un equipo diverso y completo que cubra todas las necesidades que el ciudadano y el visitante reclaman.
La sociedad del bienestar, que los políticos prometen y los ciudadanos anhelan pasa necesariamente por estas cuestiones acerca de los servicios, el entorno y la calidad de vida.
El derecho a la ciudad es el derecho al espacio, el aire que respiramos y el disfrute del entorno, el paisaje artificial ordenado y agradable para utilizarlo y vivirlo.

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