MARTES | 17 de Julio de 2018
29.06.2017 |
DURANTE EL FESTIVAL CANNES LIONS

(Por Luján Martínez Cima) – El actor inglés, merecedor de innumerables premios, abiertamente gay desde 1988 e intérprete de Magneto, Gandalf y Sherlock Holmes, dejó su impronta en el escenario principal de Cannes Lions.

  • La primera sorpresa del mediodía francés fue, para el ansioso público, enterarse de que McKellen jamás publicitó una marca.

Por el escenario del Lumiére Theatre suele pasar un personaje así cuando el festival que está desarrollándose en el Palais des Festivals es el de cine, que se realiza cada año en mayo. Pero rara vez cuando se trata del Festival Internacional de Creatividad Cannes Lions. Condecorado en 1979 con la Orden del Imperio Británico, nombrado Caballero por la reina Isabel II en 1991 por su servicio en las artes interpretativas y hecho compañero de honor de la reina por sus servicios en las artes dramáticas y a la igualdad en 2008, Ian McKellen lo dejó en claro, nada más sentarse frente a la entrevistadora, su compatriota Jackie Stevenson, fundadora y gerenta general global de la agencia The Brooklyn Brothers.
La primera sorpresa del mediodía francés fue, para el ansioso público, enterarse de que McKellen jamás publicitó una marca. “Una vez estuve a punto de acordar para actuar en un comercial de Dasani, pero terminé decidiendo que prefería mantener mi postura de no vender mi alma”, explicó el actor. “Hábleme entonces de su propia marca”, le solicitó Stevenson, a lo que McKellen reaccionó de inmediato: “¡Pero si yo no soy una marca! Soy únicamente un actor”.
Puesto a explicar cómo son en general los personajes públicos como él, el actor explicó que los hay de dos tipos: “Por un lado están los Mick Jagger, los que están siempre iguales, y por el otro los demás, entre los que me cuento, que siempre tratamos de sorprender, de estar distintos”.
McKellen contó que, pese a saberse un personaje público, siempre fue anónimo: “Nadie sabe cuál es mi comida preferida, o dónde vivo... Sólo que soy gay, y eso fue porque en un momento tuve que hacerlo público, para ayudar a cambiar las leyes de mi país... y hoy sé que fue lo mejor que pude hacer”. En ese momento de la charla, el actor levantó la mirada y lanzó una pregunta al auditorio: “¿Cuántos gays hay aquí?”. Cuando vio que se levantaban unas cuantas manos, pero no las suficientes, exclamó: “¡Vamos, aquí hay unas 3.000 personas, según las estadísticas tienen que ser muchos más! —y continuó, casi como pensando en voz alta, con una reflexión que terminó convirtiéndose en un consejo de marketing—: Bueno, se ve que aquí hay muchos que aún no se animaron a decirlo en su trabajo o en su empresa. Serán seguramente más infelices, porque no podrán ser realmente quienes son. A mí, hacerlo público fue una de las mejores cosas que me pasaron, pues no sólo me permitió ser yo mismo como persona, sino también como actor: es que para componer un personaje uno necesita conectarse con sus verdades más profundas y dejarlas salir. ¿No ocurre lo mismo con el marketing y con las marcas? Estoy seguro de que sí. Lo mejor que puede hacer una marca es salir del armario, ser realmente quien es y dejar salir sus verdades más profundas”.

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