DOMINGO | 21 de Diciembre de 2014
09.11.2012 |
FALLECIÓ ORLANDO C. APRILE

En la madrugada del jueves, el mundo publicitario y académico argentino perdió a un gran maestro, pero, sobre todo, a una persona entrañable. Columnista, corrector y fuente inagotable de consultas de Adlatina, Orlando C. Aprile trabajó en Yuste y Gowland Publicidad. Desde 1993 era docente en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo y tutor académico de los Trabajos Finales de Grado. Publicó los libros La Publicidad estratégica (2000), La publicidad puesta al día (2003) y La publicidad audiovisual. Del blanco y negro a la Web (2008). Y participó de La publicidad cuenta su historia (2009). A continuación, quienes trabajaron con él, lo recuerdan con cariño.

  • Orlando C. Aprile publicó tres libros sobre publicidad. Era docente de la Universidad de Palermo y escribía, entre otras, la columna "El libro recomendado" en Adlatina.

Se fue un amigo entrañable

 

Orlando nos abandonaste sin siquiera consultarnos. Siento un frío helado que trepa por las paredes de este nuevo vacío en mi vida y en la de todos los integrantes de tu familia, hijos y nietos, en la de tus amigos.

Me brotan las lágrimas con forma de letras, pese a proponerme escribir desde el rasgo sobresaliente de tu personalidad: optimismo, alegría y buena onda.

Querido y entrañable amigo durante casi cuatro décadas. Filósofo, publicitario, periodista, autor y docente, más que nada hombre sabio, honesto y feliz. Fuiste tan inteligente, más que todos, como para superar siempre todas las barreras que se interpusieran entre vos y tus deseos de vivir. Hasta hoy.

Llegaste extremadamente lúcido hasta tu último aliento, activo y productivo. Quedan tus libros, tus artículos y el seguro recuerdo de tus miles de alumnos y colegas.

Gracias por todos los sueños compartidos, las horas de charlas y consejos.

Hoy, entre triste y nostálgico, hice una visita al pasado y estuve releyendo algunas de las primeras ediciones de Ad Hoc, la publicación que creamos a comienzos de los noventa. Orlando, vi fotos de hace 20 años y ¡estabas casi igual a la última vez que estuvimos juntos hace solo días!

Y me pregunto, ahora, ¿quién va a revolver mi oficina en búsqueda de nuevos libros para leer y comentar? ¿Cómo voy a hacer para sentarme con Alberto, Miguel y Omar a conversar y debatir sobre cine clásico sin tu presencia?

Te extraño, Orlando. Apenas te fuiste y ya estoy oteando a través de la puerta semiabierta buscándote para escucharte, para aprender. Pero sobre todo para que ilumines mi vida.

Orly, fuiste el hombre más viejo con espíritu más joven que conocí en mi vida.

Chau, querido amigo…

 

Jorge Martínez

 

 

Doble tristeza

 

Entre colegas cuya vida personal se entremezcla con su profesión a lo largo de varias décadas, borrando las fronteras divisorias, la relación es doblemente intensa. Y la desaparición de una de las partes doblemente dolorosa también. Es lo que acabo de experimentar al enterarme del deceso de Orlando Aprile.

El hecho de que se conociera e inquietara la enfermedad de Orlando, y su recaída en las últimas semanas, no alivió lo inesperado de su muerte. Es que nunca se la espera, cualquiera sea su circunstancia. Los amigos simplemente no mueren, nos abandonan, dejando disminuidos a los que tenemos que seguir adelante.

Justamente en estos días, revolviendo algunos papeles, encontré una foto en la que estamos los dos más jóvenes; sucedió en Mercado, y el fotógrafo nos captó en el momento en que Orlando hace entrega de un presente (¿una portada convertida en torta?) conmemorativo de un aniversario de la revista. La foto no tiene fecha, pero creo no equivocarme si la ubico en la época en que nuestro amigo era directivo de Yuste Publicidad.

Orlando fue un destacado publicitario hasta que un buen día pasó a ser un testigo de la actividad, desde la cátedra universitaria y, simultáneamente, desde el periodismo especializado. Cuando se unen con honestidad y capacidad estos diferentes abordajes, el resultado es la erudición y la sabiduría. Orlando fue un buen ejemplo de ambas virtudes, y lo seguirá siendo para cientos de amigos y alumnos.

No había aspecto de la publicidad que no conociera o hubiera desentrañado. Era un agudo lector, por lo cual su columna sobre libros en Adlatina era tan leída y admirada. Justamente la última, publicada hace unos días, quiso el azar que fuera su mejor herencia: el rescate de los grandes maestros de la publicidad mundial y, a la vez, el adiós de un maestro del pensamiento y la escritura publicitarios.

 

Alberto Borrini

 

 

Una hermosa persona

 

Orlando, amigo. Nos conocimos hace muchos años. Yo empezaba el camino de la actividad en publicidad. Ya desde ese entonces empecé a aprender de él. Por un largo tiempo estuvimos viéndonos poco. Por suerte, hace varios años nos juntamos y pude continuar apreciando sus valores.

Inteligencia, honestidad, conocimiento, amabilidad, respeto y tantas cosas.

Lo extrañaré, lo extrañaremos.

Era una HERMOSA persona.

 

Miguel Daschuta

 

Hasta siempre

 

Conocí a Orlando en mis primeros años en Adlatina, en los que, como adolescente rebelde, le discutía todo lo que se proponía explicarnos. 

A lo largo de estos años, esos “debates” se fueron transformando en enseñanzas y Orlando en una de mis principales fuentes de consulta. Era una visita esperada en la redacción de Adlatina y en los minutos que pasaba llenaba el ambiente de alegría y energía.  

No hace tanto tiempo, tuve la suerte de que también fuera mi tutor en la universidad, de verlo dar clases con una paciencia infinita y con su sonrisa que llevaba a todos lados, la misma que ponía cada vez que un alumno se acercaba y le decía “No puedo, no me sale, no voy a recibirme nunca”. Y él se reía y contestaba: “Lo tenés que terminar por vos y por nadie más, poné el pie en el acelerador y dale para adelante”. 

Las personas como Orly no se van, sino que dejan una huella en nuestro corazón que perdura por siempre.

Ojalá podamos recordarlo, no con tristeza, sino con ese espíritu positivo, esa energía y la alegría que lo caracterizaron siempre.

 

Natalia Biscione

 

 

Orlando…

 

Al enterarme de tu partida física sentí una gran tristeza y pensé dos cosas: la primera fue que personas como vos no deberían irse nunca, por el contrario, tendrían que quedarse con nosotros para seguirnos guiando y enseñando, con cada gesto y cada palabra; la segunda, y no por eso menos importante, es que ya no escucharé tu particular voz por mi costado derecho diciéndome: “Yo siempre trayéndote cositas…”, con tu risa y abrazo infaltable. Se me hace imposible creer que ese sketch cómico de cinco minutos que compartíamos intempestivamente, no volverá a repetirse.

Debo agradecerle a la profesión, que en la infinidad de personas que he conocido, una de ellas hayas sido vos.

Hasta siempre, Orly… Jamás olvidaré tus enseñanzas y tus palabras cómplices.

 

Andrés Gibert

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