Publicidad > Latinoamérica | INFORMES DE IPSOS Y LLYC
Redacción Adlatina |
Pride report y Orgullo en visto sugieren que la discusión cambió de eje. El desafío ya no pasa únicamente por participar durante junio, sino por construir políticas sostenidas de inclusión, comunicar con autenticidad y mantener ese compromiso durante todo el año.
Mientras el respaldo social a los derechos de las personas LGBT+ continúa siendo mayoritario en gran parte del mundo, las marcas y las instituciones atraviesan un momento de repliegue en su comunicación sobre diversidad. Esa es la principal conclusión que surge al poner en diálogo dos informes publicados en el marco del Mes del Orgullo: el LGBT+ Pride Report 2026, de Ipsos, y Orgullo en visto, de LLYC.
Aunque ambos estudios analizan el mismo fenómeno desde perspectivas diferentes, coinciden en un diagnóstico, el Pride está entrando en una nueva etapa. Ya no alcanza con sumarse a la conversación durante junio y las organizaciones enfrentan un escenario en el que el silencio, la coherencia y la autenticidad pesan tanto como la visibilidad.
Según el informe de Ipsos, realizado entre más de 19.000 personas en 26 países, el apoyo a los derechos LGBT+ continúa siendo sólido. El 53% de los encuestados respalda el matrimonio igualitario y el 52% apoya leyes que prohíban la discriminación en ámbitos como el empleo, la educación, la vivienda y los servicios sociales. El estudio también señala que sigue existiendo un reconocimiento amplio de la discriminación que enfrentan las personas trans, aunque aparecen mayores diferencias cuando se debate sobre deportes, tratamientos médicos o el acceso a espacios segregados por sexo.
Sin embargo, el mismo informe detecta un cambio relevante para las marcas. Aunque todavía predominan quienes apoyan que las empresas promuevan activamente la igualdad LGBT+, ese respaldo es menor que hace cinco años. Para Ipsos, esto no implica un rechazo a la diversidad, sino una creciente expectativa de que las compañías demuestren con hechos lo que comunican públicamente.
Esa lectura resulta especialmente visible en América Latina. Según Ipsos, países como Argentina, Chile, México y Brasil muestran una caída en el apoyo a las marcas que se posicionan sobre estos temas, un comportamiento que el estudio interpreta como una mayor demanda de coherencia entre el discurso y las prácticas reales de las organizaciones.
En Argentina, de acuerdo con el mismo informe, el país continúa ubicándose entre los más favorables de la región para hablar de diversidad e inclusión. El 65% de los argentinos considera que las parejas del mismo sexo deberían poder casarse legalmente, por encima de Chile (57%), México (54%), Brasil (44%), Colombia (40%) y Perú (26%). No obstante, también aquí el respaldo pierde intensidad cuando la conversación se traslada desde los derechos hacia el activismo de marca o la representación pública.
Mientras Ipsos pone el foco en cómo evolucionó la opinión pública, LLYC analiza qué está ocurriendo con quienes históricamente impulsaron esa conversación: las empresas, los medios y las instituciones.
Su informe denomina este fenómeno como Rainbow Ghosting, un concepto que describe la desaparición progresiva del apoyo público a la diversidad. Según el estudio, en 2023 se publicaban el doble de noticias sobre diversidad, equidad e inclusión (DEI) que en 2025 y hasta seis veces más que en la actualidad. Además, la cobertura mediática cae un 2,5% por trimestre desde 2021 y esa contracción se aceleró hasta acercarse al 10% trimestral durante los últimos tres años.
El repliegue también alcanza al mundo corporativo. Según LLYC, las empresas que mantienen políticas activas y visibles de diversidad representan hoy apenas dos tercios de las registradas en 2023. En la red social X, la conversación sobre el colectivo LGBT+ se redujo de 26,1 millones de mensajes a 12,7 millones durante el mismo período.
Pero el silencio no vino acompañado de un clima más amable. Por el contrario, el informe detecta que el discurso de odio digital aumentó un 38% respecto de los cuatro años anteriores y que tres de cada cinco mensajes analizados constituyen ataques directos al colectivo. Además, identifica un cambio en las narrativas hostiles: en lugar de expresarse únicamente mediante insultos explícitos, cada vez aparecen más argumentos asociados a la protección de la infancia, la familia tradicional o el rechazo a supuestas imposiciones ideológicas.
Uno de los aportes más novedosos del trabajo de LLYC es el análisis de la inteligencia artificial. Tras evaluar distintos modelos generativos, el estudio concluye que esos sistemas ya reproducen parte de los sesgos presentes en el entorno digital. Las respuestas dirigidas a perfiles cisheterosexuales asocian la autonomía y el éxito profesional con una intensidad un 140% superior a la registrada para perfiles LGBTIQ+, mientras que estos últimos aparecen vinculados con mayor frecuencia a conceptos como miedo, exclusión, respeto o vulnerabilidad.
A pesar de sus diferencias metodológicas, ambos informes parecen coincidir en un mismo mensaje. Ipsos muestra que la sociedad sigue respaldando ampliamente los derechos LGBT+, aunque espera que las marcas actúen con mayor consistencia. LLYC, en cambio, advierte que muchas organizaciones están respondiendo reduciendo su presencia pública justo cuando el entorno digital se vuelve más hostil.
En ese sentido, ambos estudios sugieren que la discusión cambió de eje. El desafío ya no pasa únicamente por participar durante junio, sino por construir políticas sostenidas de inclusión, comunicar con autenticidad y mantener ese compromiso durante todo el año.