Publicidad > España | CICLO INSPIRADORES
Redacción Adlatina |
Nacido en Sevilla, es uno de los grandes nombres de la creatividad publicitaria española. Desde hace más de una década, se volcó hacia la fotografía, donde encontró una expresión más personal de una mirada construida a lo largo de toda una vida. Desde ayer y hasta el 25 de octubre, presenta doce años de trabajo y más de sesenta y cinco mil fotografías con su proyecto “Aún nos queda el alma”, en Pinta BAphoto 2026.
Luis Casadevall comenzó su carrera en el periodismo, trabajando para el Grupo Godó, antes de entrar en el mundo de la publicidad. Tras sus primeras experiencias en CreativeShop y MMLB, en los años ochenta fundó en Barcelona, junto a Ernesto Rilova y Salvador Pedreño, la agencia RCP, que en 1991 fue adquirida por Saatchi & Saatchi.
Un año después, Luis Casadevall y Salvador Pedreño fundaron Casadevall & Pedreño, agencia que llegó a ser premiada con un Grand Prix en Cannes. En 2007, Casadevall y Pedreño recibieron el c de c de Honor del Club de Creativos y, en 2013, Luis Casadevall fue nombrado Miembro de Honor de la Academia Española de la Publicidad.
Desde hace más de una década, Casadevall encontró en la fotografía otra manera de plasmar su creatividad, fotografiando personas y ciudades en distintos lugares del mundo.
La Habana se convirtió en su proyecto fotográfico más profundo. Durante años ha regresado una y otra vez a la ciudad, construyendo un vastísimo archivo en blanco y negro centrado no tanto en Cuba como lugar, sino en las personas que la habitan: sus relaciones, contradicciones, deseos, sentido del humor, vulnerabilidad, dignidad y capacidad de resistir.
De este trabajo nació en 2025 su primer fotolibro, “Aún nos queda el alma”, publicado por La Fábrica, con la curaduría de Chema Conesa y prólogo del escritor cubano Leonardo Padura.
Antes de hablar de fotografía es imposible no hacer un pequeño repaso por la publicidad. Pero aún antes de eso, ¿tuvo sus inicios en un periódico? ¿Quería ser periodista?
Sí, quería ser periodista, y mientras estudiaba trabajaba por la noche en un periódico del grupo de comunicación Godó.
¿Cómo descubrió la publicidad y cómo definiría lo que significo o significa en su vida?
La publicidad la descubrí a través de anuncios que me gustaban. En algún momento pensé que este trabajo podía ser más divertido y, por supuesto, más creativo.
Finalmente me decidí por la publicidad.
La publicidad en mi vida ha sido un trayecto profesional apasionante, los años 70, 80, 90, 2000 fueron tremendamente creativos en este trabajo, tuve la suerte de fundar hasta dos agencias todas reconocidas por su trabajo no solo en España, también a nivel internacional: RCP y Casadevall y Pedreño. Llegamos a ser nombrados mejor agencia internacional en Estados Unidos y a ganar el Grand Prix en el Festival de Cannes, trabajamos para las mejores marcas y sobre todo disfrutamos mucho.
¿Qué cosas aplaude de la publicidad de hoy y cuáles extraña de la publicidad de antes?
La publicidad en estos momentos tiene medios nuevos, usa tecnología increíble, se apoya en estudios y estrategias muy sólidas, pero ha perdido creatividad, frescura, sorpresa, y provocación. Hace 40 años, lo mejor de la TV eran los anuncios. Ahora los anuncios son tan insoportables como el resto de la programación.
¿Puede mencionarnos cuáles son los spots (realizados por usted) a los que les guarda mayor cariño y por qué? (si además nos lo puede enviar para mostrarlos sería genial)
Con el tiempo he valorado mucho más el trabajo integral creado para las marcas, que las piezas sueltas hechas para crear esa imagen de marca. Y por encima de todo, el conjunto de casi cinco décadas creando publicidad.
Grand Prix de Cannes
¿Cómo empezó su acercamiento a la fotografía?
La fotografía forma una parte importante de los medios que utiliza la publicidad continuamente. Haciendo publicidad y si además te gusta aprender, acabas sintiéndote muy cerca de la fotografía. En mi caso, además, mi padre era un gran aficionado a ella.
La Habana fue un punto de inflexión. Pero ¿qué ciudades vinieron antes?
Cuando dejé la publicidad, solo quería descansar y estar con mi familia y mis amigos. Mi carrera fue muy intensa y había dejado de hacer muchas cosas. Tenía muchas cosas, del día a día, pendientes.
Durante dos o tres años me dediqué totalmente a eso. Y fue fantástico.
Y después empecé a viajar.
¿Por qué La Habana fue diferente? ¿Qué conexión encontró allí?
Mi mujer y yo teníamos un apartamento en Miami, y teníamos un viaje pendiente a La Habana desde hacía mucho tiempo, así que finalmente lo hicimos.
Para mí fue un descubrimiento que me impactó mucho.
Y desde ese primer viaje nació la idea de crear un proyecto fotográfico que fuese diferente, que no fuese un libro de viajes, ni de postales, ni turístico. Un libro más profundo y auténtico.
¿Qué buscó reflejar a lo largo de los años que visitó La Habana?
Estuve 12 o 13 años viajando a La Habana varias veces al año, a veces pasé allí casi dos meses seguidos. Conocí a la gente, hice amigos, me contaron sus vidas, me invitaron a sus casas…
Y tuve la suerte de entrar en contacto con el gran escritor Leonardo Padura, el cual escribió un fantástico texto que abre y cierra el libro.
El titular del libro creo que es tan auténtico como la propia Habana “Aún nos queda el alma”.
Reflexionando con Padura me dijo, hay ciudades ricas, que tienen todo, alimentos, agua, luz, medicamentos, sanidad, prosperidad. Pero no tienen alma.
La Habana no tiene nada de eso, pero sí tiene alma. Esto es lo que encontraréis en la exposición. Y espero que os llegue al alma.
¿Qué cosas lo inspiran hoy?
Todo lo que sea aprender me inspira y lo disfruto. Si no aprendo, me aburro.
¿Tiene algún sueño o cuenta pendiente?
Si, muchos. Y si algún día me faltan, los busco