Socio, copresidente y CCO de África Creative, Sergio Gordilho estudió y se formó como arquitecto, desarrolló su talento creativo como dibujante de caricaturas, realizó un posgrado como diseñador gráfico en el Royal College of Art y completó su MBA en la Escuela de Liderazgo Creativo de Michael Conrad en Berlín.
Bajo su visión, África ha liderado los principales rankings mundiales de creatividad en la región durante los últimos cinco años, ha sido reconocida como la Agencia Internacional del Año por Ad Age.
Como miembro de varios consejos asesores, el profesional brasileño aplica su pasión por innovar de forma escalable, conectando conocimientos, financiación e ideas tanto en el ámbito empresarial como en el social, colaborando activamente con instituciones y organizaciones como FIESP (Federación de Industrias del Estado de São Paulo), CUFA (la mayor organización de barrios marginales de Latinoamérica), VOXX (el primer curso de liderazgo para personas negras transgénero) y Escola Africa, un proyecto de cualificación creativa para jóvenes negros en situación de vulnerabilidad. Todas estas iniciativas buscan fomentar la diversidad en la industria creativa brasileña.
Apasionado por el arte y la tecnología, Gordilho es director y miembro del consejo de administración del MAM (Museo de Arte Moderno de São Paulo), así como del Museo Afro Brasil, y forma parte del consejo editorial de MIT Technology Review.
Nació en Salvador de Bahía. ¿Qué recuerdos tiene de su infancia y adolescencia en esa ciudad?
Nací en Salvador de Bahía, un lugar que muchos dicen que no es solo un estado de Brasil, sino un estado mental. Incluso hay un dicho que lo resume bien: San Pablo es el mundo, Río de Janeiro es Brasil... y Bahía es Bahía.
Salvador, la primera capital del país y hoy considerada la capital negra de América, es una ciudad que rebosa cultura en cada esquina. Crecí en una familia de arquitectos; los tableros de dibujo eran prácticamente mi cuna, y mis primeros dibujos los hice con tinta china.
Desde muy pequeño, estuve expuesto a esta maravillosa “confusión” que es Bahía: donde religiones, ritmos, sabores, colores y tradiciones se encuentran en las calles constantemente. Es un lugar que no te deja quieto.
Creo que de ahí proviene gran parte de lo que soy hoy: una curiosidad constante y una mente abierta al mundo.
Tuve una infancia inspiradora. Pero, al mismo tiempo, bastante normal.
¿Tenía algún libro, película o profesional de esa época que le sirviera de inspiración?
Jorge Amado es el gran escritor bahiano. En sus libros construyó una Bahía insolente, llena de personalidad, y eso siempre me inspiró. En cierto modo, ayudó a fortalecer la autoestima de Bahía y de su gente. Fue a través de sus historias que me di cuenta de que teníamos algo especial, algo que el mundo admiraba: la creatividad de nuestra gente. Devoré sus libros.
En la música, nombres como Caetano Veloso, Gilberto Gil, João Gilberto, Maria Bethânia y Gal Costa también fueron fundamentales; eran bandas sonoras que me hacían sentir y bailar.
Bahía, en cierto modo, siempre ha sido autosuficiente. Incluso existe la idea, entre la gente de Bahía, de que “Bahía es suficiente”. Y, al mismo tiempo, se dice que, si eres creativo en Bahía y quieres conquistar el mundo, debes irte porque allí todo el mundo es creativo.
Inicialmente siguió los pasos de su padre y su abuelo y decidió estudiar arquitectura. ¿Por qué? ¿Qué era lo que lo motivaba?
Abuelo arquitecto, padre arquitecto... hijo, arquitecto.
Fue un camino bastante natural, sobre todo porque, en aquel entonces, había pocas opciones de carreras creativas. Lo que en su momento me pareció una limitación, ahora lo veo como una gran ventaja.
La arquitectura me enseñó a pensar de forma más amplia. Un arquitecto es, en cierto modo, un publicista más sofisticado: alguien que necesita tener una visión integral. Es una profesión casi antropológica, donde la intuición, el talento, la técnica y los datos siempre han ido de la mano.
No se puede diseñar una casa sin respetar los deseos del cliente, sin aplicar al máximo el propio repertorio, sin comprender profundamente las técnicas de construcción y sin buscar información constantemente.
En esencia, el arquitecto ya operaba como el publicista del futuro.
Fue a través de la arquitectura que aprendí a ver el deseo detrás de las palabras y a comprender lo que la gente realmente quiere decir, incluso cuando no lo dice.
Más tarde se convirtió en dibujante, iniciando una nueva aventura en el mundo de la creatividad. ¿Cómo fue ese proceso?
Cuando entré en la universidad, me di cuenta rápidamente de que no era exactamente lo que quería. Seguía, a través de revistas internacionales, el trabajo de nombres como Zaha Hadid y otros grandes arquitectos, que exploraban formas y técnicas de construcción muy avanzadas, algo que sabía que estaba a años luz de mi realidad y, probablemente, de lo que podía acceder en ese momento.
Soy competitivo y sentía que entraba en un juego en desventaja. Así que empecé a buscar otros caminos.
Me convertí en dibujante de caricaturas, abrí un pequeño estudio de diseño, formé un grupo de Carnaval, produje grabados. En otras palabras, como existía una barrera para expresar mi creatividad dentro de la arquitectura, intenté superarla de todas las maneras posibles.
Hasta que el dueño de una agencia, a quien le gustaban mis caricaturas, me llamó para hablar.
En aquel entonces, el rol de director de arte todavía estaba muy restringido al estudio, pero terminé recibiendo una oferta de prácticas.
Y, en cierto modo, sigo haciéndolo hoy. A lo largo de estos 30 años de mi profesión, he ganado y perdido muchas cosas, pero nunca he perdido el espíritu de un becario.
Se fue a vivir a Londres. ¿Cuál fu su búsqueda? ¿Una cultura tan distinta le aportó una nueva mirada en el mundo de la creatividad?
En Bahía, la publicidad giraba básicamente en torno a tres frentes: campañas políticas, el mercado inmobiliario y el comercio minorista. Y eso era todo. Esto tenía su lado limitante debido a la falta de diversidad en los proyectos, pero al mismo tiempo, fue una gran escuela. Era necesario comprender profundamente la base de la pirámide social, y terminé siendo muy bueno en ello.
Tan bueno que empezaron a llamarme para dirigir agencias centradas en estas áreas.
Hasta que, en un momento decisivo, recibí una invitación de uno de mis grandes mentores profesionales, el brillante Duda Mendonça. No lo pensé dos veces y me mudé a São Paulo.
Allí, trabajamos juntos en numerosas campañas políticas. Fue un período intenso, de mucho aprendizaje, especialmente en lo que respecta a la creatividad.
Aprendí de mis errores. Me dediqué a comprender mejor el comportamiento de las personas, y eso dio resultados.
En pocos años, me convertí en socio. Ganaba bien, era respetado y trabajaba junto a un ídolo.
Todo parecía perfecto. Pero no lo era.
Nunca me sentí a gusto en la comodidad. Eso me impulsó a buscar un nuevo reto, y la decisión de ir a Londres surgió precisamente de esa inquietud.
Vivir en una cultura completamente diferente amplió mi repertorio y mi perspectiva de la creatividad. Me sacó del piloto automático, me puso en contacto con otras referencias, otras formas de pensar y, sobre todo, me hizo comprender que la creatividad no tiene un solo acento; se transforma según el contexto.
Hace 24 años fundó África junto con Nizan, Márcio Santoro, Fernando Vieira y Olivia Machado. ¿Por qué la agencia sigue siendo referente en la industria? ¿Cómo lograron sostener el éxito y la expansión?
África es un organismo vivo. Cambia, se expande, se digitaliza, pero su esencia es inmutable: nos impulsa la creatividad. No solo vendemos publicidad, creamos cultura. Y la cultura no tiene fecha de caducidad, tiene ritmo.
Mantener el éxito es un ejercicio constante de innovación. El día que creamos saberlo todo, la agencia dejará de existir. A lo largo de estos 24 años, nunca hemos dejado de reinventarnos.
Recientemente, lanzamos estructuras que no son solo nuevos frentes, sino verdaderos diferenciadores de impacto en la industria creativa. Africa 94, en colaboración con 94 Marketing & Football, se dedica al mundo del fútbol, especialmente en un año de Mundial. Y Pororoca, en colaboración con Estêvão Ciavatta, de Pindorama Filmes, se centra en la comunicación de proyectos de sostenibilidad.
El año pasado, dimos otro paso importante con Baobab, nuestra oficina de Nueva York: una semilla brasileña plantada en suelo estadounidense, que conecta marcas brasileñas, o marcas lideradas por brasileños, con el panorama global.
Al mismo tiempo, rediseñamos nuestra estructura interna, creando departamentos especializados como AfricaCreativeDSGN, AfricaCreativeTech, AfricaCreativeData, AfricaCreativeMedia y una nueva oficina de gestión de proyectos (PMO).
Para nosotros, ser disruptivos no es un cargo, es una forma de trabajar. Nunca perdemos el espíritu de un becario curioso, ese que pregunta “¿por qué?” a todo. Ahí reside precisamente el éxito: en la capacidad de obtener grandes resultados con la chispa de quien empieza su primer trabajo.
Colabora en iniciativas con impacto social en FIESP, el Pacto contra el Hambre, CUFA (Central Única das Favelas) y Escola Africa, un programa educativo dedicado a fomentar el talento creativo de las comunidades desfavorecidas. ¿Era una cuenta pendiente el hecho de ayudar a transformar la vida de las personas?
La creatividad sin propósito es solo un espectáculo fugaz: brilla por un instante y desaparece. Creo en la creatividad que deja huella, que cambia las reglas del juego.
Si tenemos el poder de hablarle a millones de personas sobre una marca, también tenemos la responsabilidad de usar ese mismo poder para abordar problemas reales, como el hambre, o para abrir puertas a quienes históricamente han sido marginados.
Escola Africa, por ejemplo, celebró su última edición en colaboración con la Universidad Zumbi dos Palmares. El mercado siempre ha sido una burbuja, y las burbujas no se crean, se repiten. Cuando nos acercamos a la universidad o desarrollamos iniciativas con CUFA, incorporando talento de las favelas a la agencia, no solo ayudamos, sino que ampliamos y renovamos nuestra perspectiva.
Porque, al final, cuanto más plurales y diversas sean las mentes que participan de un briefing, mejores serán las ideas.
Se trata de transformar la experiencia de la calle en ideas que influyan y movilicen al país.