Juli Manzotti comenzó a hacer streaming a fines de 2019, sin imaginar que lo que entonces era una forma de entretenimiento terminaría convirtiéndose en su profesión. Hoy, consolidada como creadora de contenido y parte del universo de Olga, construye su carrera combinando espontaneidad, cercanía con su comunidad y una búsqueda constante por evolucionar.
En esta entrevista de Influencers al descubierto, la creadora repasa sus primeros pasos en Twitch, las dificultades de transformar una pasión en un trabajo, su crecimiento en YouTube y los aprendizajes que le dejó la exposición. Además, comparte su mirada sobre la relación entre creadores, marcas y audiencias, y la importancia de mantener la autenticidad en un ecosistema cada vez más profesionalizado.
De prender stream por primera vez a construir una comunidad
El 28 de diciembre de 2019, Juli Manzotti prendió su primer stream. Desde chica disfrutaba grabar a sus amigos y familiares, pero fue descubrir Twitch y la posibilidad de conversar en vivo con una audiencia lo que la impulsó a probar el formato.
“Después de dudar mucho, un día prendí stream”, recuerda.
Sus primeras transmisiones duraban horas. En la segunda llegó a estar doce horas en vivo sin cortar, mientras aprendía a manejar la plataforma con ayuda de su hermano y de los primeros espectadores.
Lo que comenzó como un experimento fue transformándose en una comunidad. Aquellos primeros seguidores no solo la ayudaron a mejorar sus transmisiones, sino que algunos terminaron convirtiéndose en sus moderadores y amigos.
“Hoy en día sigo siendo amiga de las primeras personas que entraron”, cuenta.
Desde el principio, la conexión con quienes estaban del otro lado fue mucho más importante que la producción técnica o la cantidad de espectadores.
Vivir de crear contenido: un camino de prueba y error
Aunque hoy vive de la creación de contenido, Juli reconoce que convertir esa actividad en una profesión no fue un proceso inmediato.
“Llevó mucho trabajo, un camino muy largo y también de muchos aciertos y errores constantemente”, explica.
Durante sus primeros tres años se dedicó principalmente al streaming desde su casa. Sin embargo, sostenerse económicamente con ese formato resultaba complejo, especialmente porque los ingresos dependían en gran medida del apoyo de los espectadores.
“El stream siento que es lo más difícil”, afirma.
En ese recorrido atravesó momentos de desmotivación e incertidumbre, incluso cuestionándose si realmente podría vivir de lo que hacía.
Con el tiempo entendió que su trabajo podía expandirse más allá de Twitch. Instagram, YouTube y las colaboraciones comerciales comenzaron a formar parte de un modelo profesional más amplio.
Ese cambio de perspectiva fue determinante: dejar de pensar en una única plataforma como fuente de ingresos y empezar a construir una carrera alrededor de su identidad como creadora.
El vínculo con las marcas: creatividad y valores compartidos
Uno de los temas centrales de la conversación fue el trabajo entre influencers y marcas, una relación que Juli considera fundamental para la profesionalización de la industria.
Según su experiencia, los acuerdos comerciales representan una de las principales fuentes de ingresos de los creadores, especialmente en Argentina, donde la monetización directa de las plataformas puede resultar insuficiente.
Sin embargo, también identifica desafíos en esa relación.
“Siento que al ser un trabajo tan creativo es muy difícil porque en cierto punto dependés de la creatividad, que es algo que no es constante”, explica.
Para Juli, uno de los principales errores es perder de vista a las personas involucradas en el proceso: creadores, representantes, agencias y equipos de marca.
“Siento que a veces se deshumaniza todo mucho y ese es para mí el principal error”, señala.
En ese sentido, destaca la importancia de construir acuerdos donde ambas partes puedan aportar su mirada y encontrar una forma natural de integrar el mensaje comercial al contenido.
“Siento que es muy importante cuando mejor le va a los contenidos es cuando la marca dice: che, busquemos un perfil que tenga nuestros valores”.
Su mirada plantea una idea cada vez más relevante para el influencer marketing: las colaboraciones funcionan mejor cuando existe una conexión real entre la marca, el creador y su comunidad.
De Twitch a YouTube: encontrar una nueva forma de contar
Después de varios años dedicada al contenido en vivo, Juli comenzó a explorar nuevas posibilidades creativas a través de YouTube.
A diferencia del streaming, donde la interacción sucede en tiempo real, la plataforma le permitió trabajar con otros recursos narrativos, explorar la edición y construir historias alrededor de sus experiencias cotidianas.
El impulso definitivo llegó durante un viaje familiar a Europa en 2024, cuando decidió comenzar a producir videos junto a su pareja, el creador de contenido Coco.
“Con YouTube es lo que más me apasiona”, asegura.
En ese proceso, también destaca el papel de su editor, con quien trabaja en el desarrollo de ideas y en la planificación de sus contenidos.
Para Juli, la calidad de un video no depende exclusivamente de sus recursos técnicos, sino de su capacidad para generar una reacción en quien lo mira.
“Contenido bueno, para mí es algo que te deje algo, que te deje pensando, que te deje contento, que te dé una emoción”.
Su búsqueda actual también está vinculada a lo audiovisual: quiere seguir formándose en filmmaking y experimentar con nuevas herramientas para mejorar la forma en que cuenta sus historias.
Del contenido individual al universo de OLGA
Otro de los grandes cambios en su carrera llegó con su incorporación a OLGA, donde pasó de trabajar principalmente en proyectos propios a integrarse a un equipo de producción y conducción.
Si bien ya había participado en otros programas de streaming, esta experiencia significó un nuevo nivel de exposición y aprendizaje.
Juli cuenta que su llegada se dio de manera natural, a partir de encuentros con integrantes del equipo y de una primera experiencia compartida en Mar del Plata.
La convivencia, las transmisiones diarias y el trabajo colectivo fortalecieron rápidamente el vínculo con sus compañeros.
“Siento que aprendo constantemente, aprendo mucho de mis compañeros. También aprendo mucho de la gente que trabaja detrás de cámara”, destaca.
En esa transición, uno de sus mayores aprendizajes fue dimensionar todo el trabajo que existe detrás de cada contenido.
Desde la planificación de una idea hasta la producción, la grabación y la edición, Juli remarca la importancia de valorar cada instancia del proceso creativo.
Su experiencia refleja una transformación más amplia del ecosistema digital: creadores que comenzaron trabajando de manera independiente y hoy forman parte de producciones con equipos, estructuras y dinámicas cada vez más profesionales.
La exposición y el desafío de las cancelaciones
El crecimiento de su audiencia y su incorporación a OLGA también trajeron nuevos desafíos vinculados a la exposición pública.
Juli reconoce que pasar de una comunidad propia, donde los códigos de humor y comunicación están compartidos, a una audiencia mucho más amplia implicó aprender a convivir con opiniones y reacciones diferentes.
“Era muy difícil entender eso y entender que tenía un tipo de exposición que no había tenido nunca”, cuenta.
La viralización de fragmentos de contenido, muchas veces fuera de contexto, es uno de los aspectos que más le preocupa de la dinámica actual de las redes sociales.
Frente a las cancelaciones, sostiene que es importante poder reconocer errores sin perder de vista que todos están en constante aprendizaje.
También advierte sobre la responsabilidad de quienes consumen y comparten contenido, especialmente cuando una frase o un video pueden circular desconectados de su contexto original.
Su reflexión vuelve a poner sobre la mesa uno de los principales desafíos de la industria: cómo sostener la espontaneidad y la libertad creativa en un entorno donde cada intervención puede amplificarse mucho más allá de la comunidad original.
El Mundial: cuando el contenido conecta con la experiencia
Entre los momentos más importantes de su carrera reciente, Juli destaca su experiencia durante el Mundial de fútbol de 2026, al que viajó como embajadora de Rexona.
La oportunidad le permitió combinar tres aspectos centrales de su vida: su pasión por el fútbol, el trabajo como creadora de contenido y el vínculo con sus seres queridos.
“Fue como una mezcla de emociones, de trabajo, de vida personal”, recuerda.
La relación con la marca tenía, además, un antecedente espontáneo: Juli ya había mencionado el producto en sus contenidos y lo había incorporado a conversaciones habituales con su comunidad antes de recibir la propuesta comercial.
Ese vínculo previo hizo que la colaboración resultara especialmente natural para ella.
Durante el viaje también compartió experiencias con otros creadores, equipos de la marca y familiares, generando recuerdos que trascendieron la producción de contenido.
La experiencia representa una forma de entender las colaboraciones donde la afinidad genuina entre creador y marca permite que el producto forme parte de una historia real, en lugar de aparecer como un mensaje aislado.
Influenciar también es asumir una responsabilidad
A lo largo de la entrevista, Juli reflexiona sobre las distintas etiquetas que conviven dentro de la industria: streamer, youtuber, influencer y creadora de contenido.
Aunque se identifica principalmente con esta última definición, reconoce que la palabra influencer tiene un significado importante para ella.
“A mí me gusta porque lo tomo como una responsabilidad enorme el influenciar a alguien”, explica.
Para Juli, tener una audiencia implica comprender que cada decisión, experiencia o comportamiento que comparte puede convertirse en una referencia para otras personas.
Esa conciencia atraviesa tanto los contenidos que produce como las marcas con las que decide trabajar y la forma en que se relaciona con su comunidad.
Seguir creando sin dejar de descubrirse
De cara al futuro, Juli no busca encasillarse en una única plataforma o formato. Entre sus próximos objetivos aparecen seguir desarrollando su contenido audiovisual, profundizar sus conocimientos de filmmaking y explorar una faceta que todavía tiene pendiente: la actuación.
“Yo desde chica digo que uno de mis sueños es estar en una película o en una serie”, cuenta.
Mientras continúa construyendo nuevos proyectos profesionales y personales, sostiene una filosofía que la acompañó desde sus primeros streams: animarse a probar, equivocarse y descubrir nuevas posibilidades.
En una industria donde las plataformas, los formatos y las tendencias cambian constantemente, su recorrido demuestra que construir una carrera como creadora no depende únicamente de alcanzar grandes números.
También implica aprender a transformar una comunidad en vínculos reales, una pasión en una profesión y cada nueva experiencia en una oportunidad para seguir creciendo.