Los robots humanoides están dejando atrás las fábricas y los laboratorios para abrirse paso en espacios cada vez más cotidianos. Aeropuertos, hogares, templos e incluso actividades recreativas comienzan a convertirse en escenarios donde estas máquinas impulsadas por inteligencia artificial interactúan directamente con las personas.
Uno de los ejemplos más visibles de esta transformación se encuentra en Japón. En el aeropuerto de Haneda, en Tokio, Japan Airlines (JAL) comenzará a probar robots humanoides de la empresa china Unitree para tareas de manejo de equipaje y carga. La iniciativa busca hacer frente a la escasez de mano de obra provocada por el envejecimiento de la población y el crecimiento del turismo.
Pero el avance de los humanoides ya no se limita al trabajo físico. La Universidad de Kioto presentó recientemente a Buddharoid, un monje robot entrenado en las escrituras budistas para ofrecer orientación espiritual y realizar gestos tradicionales como reverencias y oraciones.
En Estados Unidos, la startup 1X Technologies planea comenzar este año la distribución de Neo, un robot humanoide diseñado para el hogar. A diferencia de los robots industriales tradicionales, fue concebido para resultar cercano y accesible, con una apariencia amigable y materiales suaves que faciliten su aceptación en la vida doméstica.
China también acelera la integración de estas tecnologías en espacios públicos. Pekín organizó recientemente una media maratón con cientos de robots humanoides, mientras que la empresa AgiBot realizó una sesión masiva de yoga en Shanghái para demostrar los avances alcanzados en movilidad y coordinación.
En conjunto, estas iniciativas reflejan una nueva etapa para la robótica. Según la Federación Internacional de Robótica, China ya despliega más robots industriales que el resto del mundo combinado, pero el foco de la próxima fase parece estar menos ligado a la manufactura y más a la integración social.
Un nuevo escenario para empresas y marcas
La encuesta global Future 100: 2026 refleja que el 73% de los encuestados considera que las personas y los humanos digitales convivirán y trabajarán juntos en el futuro.
Para las marcas, esto implica la aparición de un nuevo canal de interacción con los consumidores. Si durante la última década las empresas invirtieron en desarrollar asistentes virtuales y chatbots, la próxima podría estar marcada por asistentes físicos capaces de hablar, desplazarse, interpretar emociones y actuar en entornos reales. Los robots humanoides ya no serían únicamente herramientas automatizadas, sino puntos de contacto capaces de asistir, orientar y acompañar a las personas en múltiples situaciones cotidianas.
En ese escenario, atributos tradicionalmente asociados al branding —como la personalidad, el tono de voz, la empatía y la confianza— deberán trasladarse al mundo físico. La evolución de Neo refleja esta tendencia: más allá de sus capacidades técnicas, fue diseñado para transmitir cercanía y seguridad. A medida que los humanoides se integren en hogares, aeropuertos y otros espacios públicos, el desafío no será solamente desarrollar máquinas más inteligentes, sino lograr que las personas se sientan cómodas interactuando con ellas. La pregunta ya no es únicamente qué podrán hacer estos robots, sino cómo será convivir con ellos.