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(AD AGE) - COLUMNA DE OPINIÓN DE PETE BLACKSHAW

Es hora de recuperar la publicidad interactiva en la economía de las respuestas

Pete Blackshaw, director ejecutivo y cofundador de BrandRank.AI y autor de “The Answer Economy: How AI Agents Will Decide Your Brand’s Future” (La economía de las respuestas: cómo los agentes de IA decidirán el futuro de tu marca), reflexiona en esta nota sobre la necesidad de las marcas de no descuidar a sus consumidores. 

Es hora de recuperar la publicidad interactiva en la economía de las respuestas
Cómo las marcas pueden recuperar la filosofía implícita en el término antiguo y ofrecer a los consumidores una respuesta real en lugar de una simple impresión. (Getty Images)

Hay una palabra que dejamos de usar demasiado pronto: interactivo.

Lo sé, suena a algo sacado de la agenda de una conferencia de la época de Netscape. Pero la palabra captura una idea que necesitamos desesperadamente: el marketing como una relación, con la obligación de escuchar y responder.

Digital describe un formato. Interactivo describe un compromiso.

La industria alguna vez entendió esa distinción. Empresas y agencias crearon equipos de marketing interactivo. Se debatió en conferencias. Publicaciones especializadas, como Advertising Age, reconocieron a quienes mejor lo hacían.

Luego, internet se popularizó enormemente. La inversión fluyó a raudales. La medición se convirtió en la clave. En algún momento, el término “interactivo” dio paso discretamente a “digital”.

No se trataba solo de una cuestión semántica. El marketing digital se generalizó y permitió una mejor segmentación. El consumidor tenía un cursor, pero poca voz.

Hace poco releí un artículo de Advertising Age de 1999 sobre aquellos primeros tiempos, y una frase me llamó especialmente la atención. Allí se me citaba diciendo que, con los consumidores “en un estado muy activo”, “tenemos que preguntarnos si la impresión es la mejor métrica”.

Esa es una pregunta que podría haberse planteado esta misma mañana.

Gran parte de la industria dedicó el siguiente cuarto de siglo a optimizar sus estrategias en torno a las impresiones. Ahora, la IA está volviendo a poner la pregunta original en primer plano.

Estamos entrando en lo que yo llamo la Economía de las Respuestas.

Los sistemas de IA se sitúan cada vez más entre los consumidores y las marcas. Reciben una pregunta, interpretan la necesidad, comparan las opciones y sintetizan una recomendación, a menudo antes de que el cliente visite un sitio web, vea un anuncio o vaya a una tienda.

Pero aquí está el detalle que los marketers pueden pasar por alto: los LLM no son solo nuevos intermediarios. También están redefiniendo las expectativas de los consumidores.

Una vez que alguien se acostumbra a recibir respuestas instantáneas, conversacionales y contextualizadas, la respuesta lenta y genérica de una marca empieza a resultar casi insultante.

Sí, las marcas deben aprender a dirigirse a los algoritmos y hacer que su información sea legible, creíble y fácil de encontrar. Pero no pueden descuidar la relación con el consumidor. Ambas dimensiones deben funcionar en sinergia: las preguntas reales de los consumidores mejoran las respuestas de la marca; mejores respuestas de la marca generan información más sólida para la IA; y una mejor representación por parte de la IA lleva a consumidores mejor informados de vuelta a la marca.

Ese ciclo virtuoso no es del todo nuevo.

A mediados de la década de 1990, ayudé a dirigir el equipo de Marketing Interactivo de Procter & Gamble. Creamos herramientas basadas en preguntas que los consumidores ya se hacían: el Detector de Manchas de Tide, el Selector de Protección Always, el Instituto de Crianza de Pampers y la utilidad interactiva “Envía un Beso” de Scope.

No se trataba de anuncios adornados con botones. Eran útiles. Partíamos de la pregunta, no del mensaje, y la relación cambió.

En 1999, Advertising Age nombró a P&G como la empresa de marketing interactivo del año. El reconocimiento reflejó la seriedad con la que la industria se tomó esta idea en aquel momento.

La señal de demanda ya no es solo una impresión, un clic o una palabra clave. Es la pregunta.

Llamo al instante en que un consumidor le hace una pregunta importante a la IA y recibe una respuesta que determina lo que sucede a continuación el Momento de la Verdad Inducido.

Cada vez más, la IA no se limitará a asesorar a los consumidores. Reducirá las opciones, sopesará las ventajas y desventajas y, finalmente, actuará en su nombre.

Las marcas deberán convencer no solo a una persona, sino también a una máquina que compara sus afirmaciones con toda la información disponible. Esa máquina no siempre acertará, pero su influencia crece mucho más rápido que su capacidad de discernimiento.

Aquí es donde la interactividad cobra nueva relevancia.

No basta con aparecer en la primera respuesta. Una marca debe superar la fase de las preguntas posteriores, que pueden revelar pruebas débiles, contradicciones y falta de contexto.

¿Qué hace que su producto sea diferente?

¿Quién más respalda esa afirmación?

¿Qué ocurre cuando algo sale mal?

No se trata de simples búsquedas, sino de una conversación.

Las marcas deben estar preparadas. Esto implica escuchar primero, responder con claridad, respaldar las afirmaciones y mantener la atención cuando las preguntas se vuelven más complejas.

Significa tratar las páginas de productos, las preguntas frecuentes, las investigaciones, las reseñas y los datos de atención al cliente no como piezas de contenido dispersas, sino como un repositorio de información vivo que tanto humanos como máquinas puedan comprender y en el que puedan confiar.

No estoy diciendo que las empresas deban cambiar el nombre de sus departamentos de marketing digital. Lo que digo es que deberían recuperar la filosofía implícita en el término original: una marca le debe a los consumidores una respuesta, no solo una impresión.

Porque las máquinas leen tus afirmaciones, reseñas, declaraciones y silencios. En nombre de millones de consumidores, plantean la pregunta más antigua del marketing:

¿Puedo confiar en esta marca?

Tu respuesta —o tu silencio— se convertirá cada vez más en la respuesta de ellos.

“Interactivo” nunca fue solo una palabra. Fue una promesa. La rompimos cuando lo llamamos todo “digital”.

La Economía de las Respuestas nos pide que volvamos a hacer esa promesa.

Ad Age

por Ad Age

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