Trama, el observatorio cultural de VML Argentina, realizó la investigación “Cuerpo sin cuerpos. Cartografía de una intervención”, donde se indaga en la reconfiguración de la relación con el cuerpo y la creciente traducción de la experiencia vital a métricas, rendimiento y visibilidad. El informe plantea que, en un contexto de incertidumbre económica, política y social, el cuerpo se transforma en el último espacio donde las personas sienten que todavía pueden ejercer control.
La cultura contemporánea impulsa cuerpos “sin cuerpo”: organismos convertidos en señales, indicadores y superficies de exhibición.
Coordenadas de época: disciplina, exhibición y autoexigencia
Las redes sociales consolidan una narrativa donde el éxito aparece como consecuencia directa de la disciplina extrema.
Influencers y creadores convierten la transformación física, el sacrificio y la rutina en contenido aspiracional. “El esfuerzo físico se vuelve relato de triunfo; el dolor, lejos de esconderse, se exhibe como credencial de autenticidad”, se lee en la investigación.
El dolor físico, el cansancio y la autoexigencia se exhiben como símbolos de autenticidad y superación personal.
El cuerpo se vuelve argumento social: demostrar constancia y capacidad de sacrificio equivale a demostrar valor personal.
Zona de intervención primaria: el gimnasio comomeca
Los gimnasios crecen como nuevos espacios de sentido y pertenencia social, reemplazando simbólicamente antiguos espacios religiosos.
La musculación y el fitness se masifican y atraviesan todas las edades, incluso niños y adolescentes.
El bienestar deja de asociarse solamente a la salud y se conecta cada vez más con performance, estética y estatus.
La industria del fitness incorpora suplementos, proteínas, tecnologías de monitoreo y medicamentos para adelgazar como parte del consumo cotidiano.
Surgen nuevos rituales sociales ligados al rendimiento físico: running clubs, coffee-raves, meditación y hábitos “optimizados”.
El informe advierte sobre la “fatiga de tener que poder”: la presión constante por mejorar genera ansiedad, agotamiento y sensación de insuficiencia.
Topografía de la imagen: “muestro, luego existo”
Internet democratizó la exposición de la vida privada y convirtió la visibilidad en una necesidad cotidiana.
La identidad comienza a construirse desde lo visible: lo que mostramos pasa a definir quiénes somos.
Las redes sociales incentivan la comparación constante y profundizan la obsesión con el cuerpo y la imagen.
El cuerpo se transforma en un medio de comunicación y la apariencia se vuelve parte central del capital social.
El informe sostiene que ya no existe sólo un “culto al cuerpo”, sino un “culto a la imagen” que somete al cuerpo a estándares visuales permanentes.
Campo minado: el cuerpo femenino como territorio de disputa
Aunque la presión por optimizar el cuerpo afecta a todos, el impacto sobre las mujeres es más intenso y persistente históricamente.
El cuerpo femenino continúa siendo objeto de vigilancia, regulación y corrección constante.
El informe destaca cifras alarmantes sobre vergüenza corporal, comentarios negativos y presión estética sobre las mujeres.
Resurge el ideal de extrema delgadez (“thin ideal”) bajo discursos asociados al autocontrol, la disciplina y el bienestar.
Las influencers reproducen modelos de perfección física y emocional donde el cuerpo parece no fallar nunca.
También reaparecen modelos tradicionales de feminidad, como el fenómeno “Trad Wife”, que reinstalan roles históricos ligados al cuidado y la domesticidad.
La presión estética se privatiza: el cuidado corporal se presenta como responsabilidad individual y moral.
La última frontera: colonización del núcleo vital
El cuerpo deja de entenderse como organismo y comienza a pensarse como un sistema de datos optimizable.
El auge del biohacking, los wearables y el monitoreo biométrico transforma la relación cotidiana con la salud y el rendimiento.
La lógica contemporánea ya no busca sólo resistir, sino evitar cualquier detención, falla o desgaste.
La vida se administra mediante métricas: sueño, glucosa, pulsaciones, alimentación, estrés y productividad.
La salud deja de ser ausencia de enfermedad y pasa a concebirse como mejora continua.
El informe señala que la vulnerabilidad humana empieza a interpretarse como un error del sistema que debe corregirse.
Sin embargo, persiste algo imposible de traducir completamente en datos: el dolor, el placer, la fatiga y las emociones humanas.
El fuera de mapa: trazando las líneas de fuga
Frente a la lógica de optimización permanente, emergen pequeñas formas de resistencia y desconexión.
Se reivindican prácticas como el ocio improductivo, el descanso no funcional y experiencias menos mediadas por pantallas.
Ganan valor los espacios comunitarios y recreativos donde el cuerpo no necesita competir ni medirse constantemente.
Aparecen búsquedas ligadas al detox digital, la desconexión tecnológica y la recuperación de experiencias corporales más sensoriales y presentes.
El informe propone que el cuerpo todavía conserva una dimensión irreductible que escapa al control total y a la cuantificación absoluta.
La gran pregunta final es qué formas de vida quedan disponibles para quienes ya no desean optimizarse todo el tiempo.
¿Qué es Trama?
Es el observatorio cultural de VML. Está integrado por un equipo de sociólogos, psicólogos, analistas culturales y profesionales de la comunicación social. Ellos son: Belén Carreiras, Estefanía Pezzutti, Fabiana Antonelli, Federico Arribalzaga, Federico Roales, Lourdes Toledo, María Martin Sidras, Rocío Paz, Ronny Weter, Rosario Laplaza y Silvina Coto.
Desde allí proponen investigar las mutaciones sociales y culturales del presente. “Hay transformaciones que no se anuncian. Pero reordenan los modos de vivir, de vincularnos, de imaginar, de consumir, de producir sentido. En esa zona de cambios silenciosos nace Trama”, explican.
“Antes de convertirse en conversación, insight o en territorio de marca, la cultura ya está actuando: en los cuerpos, en los hábitos, en las aspiraciones, en las narrativas y en el lenguaje. Desde ahí, Trama propone un ejercicio de lectura e interpretación: una forma de mirar con mayor atención lo que organiza la época, las tensiones que la atraviesan y las preguntas que empieza a abrir”.