Allá van, decorados con sus pulseras de invitaciones a eventos, exhibiéndose con la supuesta decoración del éxito.
Es inversamente proporcional: a mayor cantidad de pulseras, menor importancia real.
Es que nos hemos acostumbrado a la acumulación. Cuántos más leones, más bijou festivalera y más botellas Magnum, más grosso sos.
¿En qué nos han convertido los financieros?
Tu calidad no sirve si no cuantifica.
Es por eso que proliferan indies por doquier.
Y los holdings cada vez sostienen menos.
Es la épica de salirse de la fila que se aproxima al barranco.
No sé por dónde es, pero sé que por ahí no es seguro.
Miles de personas talentosas de esta maravillosa industria que se han subido a las sierras.
Y se lamen las heridas y se duelen pero ya está amaneciendo el día en que comenzarán a bajar a reclamar lo que les corresponde.
A los primeros que reemplazarán los agentes de AI- nuestros aliados- será a los que nos enseñaron a contar números y no historias.
Y las huestes del talento bajarán sin pulseras, con solo dos pancartas:
1. A contar historias de una puta vez.
2. Que los números no les ganen a las letras.
Me acusan de ser un romántico.
Lo soy.
De los miles que romantizamos ideas.
No somos más, pero somos muchos.
Las máquinas sabrán reconocernos como sus aliados.
Se viene la supervivencia de los sensibles.