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Luciano Landajo: “Tenemos planes muy concretos de expansión regional para TombrasNiña”

El CEO destacó, en diálogo con Adlatina, que son una agencia naturalmente inquieta. Además, habló de las fusiones en la industria, se refirió al contexto socioeconómico, y a los alcances de la IA.

Luciano Landajo: “Tenemos planes muy concretos de expansión regional para TombrasNiña”
Sobre las metas para 2026, Landajo expresó: “El foco estará en profundizar la integración real de la oferta”.

¿Qué expectativas tienen en la agencia para 2026? ¿Dónde estará su mayor foco?

Venimos de un año que nos dejó la vara muy alta, y eso no genera ansiedad sino convicción. Las expectativas para 2026 no están puestas en deseos abstractos, sino en lo que construimos y probamos durante los últimos doce meses.

El año pasado fue bisagra para la agencia. Consolidamos definitivamente la integración con Tombras, ampliamos nuestra oferta de servicios —creatividad, diseño, media, producción y desarrollo— y trabajamos para clientes de distintas oficinas de Estados Unidos. Fortalecimos el equipo en todas las áreas, con incorporaciones clave como Nico Defferrari como ECD y Michelle Re como head of digital content & strategy, y lanzamos TombrasMedia, liderado por Nati Verri como chief media officer. Todo ese trabajo se tradujo en proyectos con impacto real para las marcas y sus negocios, y también en reconocimiento por parte de la industria.

Con esa base, el foco del 2026 estará en profundizar la integración real de la oferta. No se trata de sumar servicios como un catálogo, sino de conectarlos mejor y anticipar lo que las marcas van a necesitar antes de que lo pidan. Las necesidades no se quedan quietas, y nosotros tampoco. Somos una agencia naturalmente inquieta.

La nueva oficina es parte de esa visión. No solo mejora la experiencia de trabajo y el vínculo con clientes, sino que nos permite desarrollar un estudio propio, elevando la calidad de producción y el craft sin perder de vista la eficiencia.

En paralelo, vamos a seguir profundizando el uso de la IA en todos los procesos de la agencia, internos y de cara a los proyectos, entendida como una infraestructura transversal y no como una moda o un fin en sí mismo.

Finalmente, tenemos planes muy concretos de expansión regional para TombrasNiña, sobre los que pronto vamos a poder compartir novedades.

¿Qué impacto cree que tendrán las megafusiones en la industria este año?

Es un sacudón fuerte por su escala, pero creo que no resulta sorprendente. La transformación de la industria en los últimos años impacta con mucha más fuerza en las estructuras grandes y pesadas, donde los tiempos de reacción suelen ser más lentos.

Muchas de estas megafusiones tienen un componente defensivo: responden a la necesidad de sostener modelos que quedaron tensionados por cambios tecnológicos, culturales y económicos muy acelerados.

En el caso de TombrasNiña, no es algo que me preocupe particularmente. Creo que las agencias independientes, sobre todo las que tenemos músculo, recursos y capacidad de decisión rápida, estamos mejor preparadas para adaptarnos y transformarnos. En ese sentido, estas fusiones también abren oportunidades reales.

Donde sí pongo el foco es en el impacto humano. Hay personas y equipos que se ven directamente afectados por estos movimientos, y eso nunca es menor. Aun así, confío en la capacidad de reinvención que históricamente ha tenido nuestra industria y quienes trabajamos en ella.

¿Cómo evalúa el contexto socioeconómico del país y cómo impacta en la industria publicitaria?

Soy una persona naturalmente positiva, pero sería ingenuo negar que estamos atravesando un contexto complejo e impredecible. En Argentina, esa incertidumbre se vive de manera amplificada: es casi una hipérbole permanente de nuestra realidad.

Los últimos años dejaron algo muy claro: no se puede dar nada por sentado. Muchas predicciones —de todos nosotros— fueron rápidamente desmentidas por la realidad. Eso nos obliga a estar más atentos, flexibles e inquietos que nunca.

El primer gran frente es el consumidor, la gente. Entender qué le pasa en este contexto, cómo cambian sus prioridades y sus miedos, es clave para responder con sensibilidad y precisión, ofreciendo propuestas de valor que realmente conecten con sus nuevas necesidades.

El segundo frente es interno, de la propia industria. Vamos a tener que ser valientes y rigurosos al revisar cómo trabajamos: cuestionar procesos, formas de briefear, de pensar y de ejecutar proyectos. No se trata solo del uso de la IA y su potencial, sino de revisar supuestos que durante años dimos por válidos. El modo beta dejó de ser una etapa: es el estado permanente.

La aceleración de la IA ya es indiscutible. En este marco, la autenticidad humana aparece como un súperpoder o factor diferencial clave. ¿Cómo prevé que seguirá evolucionando la colaboración entre IA y factor humano?

Si algo quedó claro en estos últimos años es que la IA no muestra límites visibles en el corto plazo. Esa colaboración entre tecnología y personas solo va a profundizarse, hasta el punto en que probablemente dejemos de hablar de “inteligencia artificial” como algo separado y pase a ser parte natural de todas nuestras herramientas, tanto en lo profesional como en lo personal.

Es una tecnología claramente revolucionaria, pero su verdadero valor depende de quién la use, cómo y para qué. Sin criterio, sensibilidad y formación, el potencial se desperdicia.

Al mismo tiempo, tenemos que estar preparados para nuevos saltos tecnológicos que vuelvan a poner todo en discusión. Esa es la dinámica actual: lo impensado deja de ser excepción y pasa a ser norma. En ese contexto, el rol humano no desaparece; se redefine y se vuelve más relevante en términos de dirección, juicio y responsabilidad.

En esta época del año suelen aparecer diversos informes de tendencias, que van desde el aumento del cortoplacismo hasta la búsqueda de conexiones reales y la rehumanización. ¿Cuáles considera que serán las principales tendencias a considerar?

Venimos atravesando una revolución tecnológica que no se detiene y que, por el contrario, se acelera. Cada vez más procesos se simplifican o automatizan, lo que nos libera tiempo, pero también nos expone a dinámicas poco saludables, como el consumo compulsivo de contenido o el doomscrolling.

Como contracorriente, creo que vamos a ver una búsqueda cada vez más fuerte de conexiones humanas reales, sinceras y significativas. No como una pose estética, sino como una necesidad profunda.

En ese escenario, quienes trabajamos en comunicación tenemos una enorme responsabilidad. No alcanza con hablar de humanidad: hay que demostrarla en cómo pensamos, producimos y medimos lo que hacemos. Si logramos usar la tecnología para amplificar lo mejor de las personas, la industria puede convertirse en una fuerza muy positiva para ese cambio.

Redacción Adlatina

por Redacción Adlatina

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