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EL DIRECTOR SE SUMÓ A THE HABITANT GROUP RECIENTEMENTE

Martín Bautista: “Cada proyecto es una pequeña bisagra que conecta a un punto nuevo, la mayoría de las veces inesperado”

En diálogo con Adlatina se refirió a sus expectativas y sus distintas facetas y proyectos como realizador: su trabajo en publicidad, la dirección de “América vs. América” para Netflix, y la grabación del tour hecho por Natalia Lafourcade, entre otros.

Martín Bautista: “Cada proyecto es una pequeña bisagra que conecta a un punto nuevo, la mayoría de las veces inesperado”
Martín Bautista: “Me emociona colaborar con The Habitant Group pues compartimos una visión del medio y vemos la necesidad de renovar enfoques hacia los proyectos, alejarnos de lo convencional y aportar valor desde nuevos lugares”.

¿Qué le atrajo de la propuesta de Habitant y qué expectativa tiene tras su incorporación?
Me emociona colaborar con The Habitant Group pues compartimos una visión del medio y vemos la necesidad de renovar enfoques hacia los proyectos, alejarnos de lo convencional y aportar valor desde nuevos lugares. Creo que el desarrollo de los directores debe expandirse más allá del set, y entienden el valor que esto puede aportar a la industria, al crecer en diferentes medios y formatos. Además, me entusiasma volver a trabajar con Karla Vázquez, con quien colaboré durante años y a quien admiro y respeto. El mundo está cambiando a un ritmo vertiginoso, y es urgente renovar estrategias, actualizar nuestros conocimientos y herramientas y tecnología, y al mismo tiempo, regresar a darle importancia a los procesos creativos y adoptar nuevos modelos de producción que integren este proceso como una inversión en calidad. Aquí veo la oportunidad de desarrollarme en estos aspectos y crecer junto a un equipo comprometido.

¿Qué aporte o valor agregado le da su experiencia en la industria cinematográfica al trabajar en publicidad (y viceversa)?
Creo que ambos mundos usan las mismas herramientas para satisfacer distintas necesidades. La industria publicitaria se alimenta de las herramientas cinematográficas con el fin de persuadir, a través de la emoción. La industria cinematográfica cada vez más usa las herramientas de mercadotecnia, algoritmos y tecnología para predecir y definir qué tipo de contenidos se producen. La prueba más clara está en que la película más vista del año, muy probablemente llevará el nombre de una marca de muñecas. Más allá de si esto está bien, mal, perjudica a los procesos creativos o los beneficia, es una realidad tangible: cada vez las líneas de los géneros comienzan a ser más difusas, cada día se rompen nuevos paradigmas y nacen nuevos formatos. Creo que el conocer los dos mundos me permite hacer elecciones de dirección y ejecución entendiendo las necesidades narrativas y de mercado de cada contenido, o diseñar una campaña que abarque todo un abanico de formatos. Ya sean diez segundos o una hora, el reto es el mismo: mantener la atención, emocionar, conectar, persuadir. Por lo que puedo observar, la profundidad con la que llega un mensaje casi nunca obedece a su duración, sino a la claridad y contundencia con la que se transmite una idea y de cómo ésta se amolda a su medio.

¿Cuándo se dio cuenta que se quería dedicar al cine y la dirección?
He sido un espectador obsesivo desde que tengo memoria, desde niño me han fascinado casi todos los géneros cinematográficos y todo tipo de formatos televisivos, desde series, caricaturas, telenovelas, programas matutinos y publicidad. Crecí en Zacatecas, muy lejos de cualquier set, artistas, o gente relacionada al arte, así que consumía todo lo que podía, rentaba obsesivamente las mismas películas hasta aprendérmelas, escribía argumentos sin ninguna pretensión, ya fuera premisas de películas que nunca terminaba de escribir, ideas de programas de televisión, cuentos… No tenía idea de cómo se hacía nada, pero sí mucho tiempo para jugar, ver, e imaginar. Quizás el recuerdo más concreto en que la dirección se apareció como una posibilidad, fue en medio de un regaño de mi madre, quien, molesta de verme de nuevo pegado a la televisión en vez de hacer mi tarea, gritó: “¡¿crees que la televisión te va a dar trabajo, que de ahí vas a comer?!”. Ya no recuerdo el resto del regaño, pues mi menté se ocupó en pensar por primera vez que hacer algo así era posible, y desde entonces he buscado la manera de lograrlo.

¿Cómo fue su camino desde entonces?
Siento que no ha sido uno, sino varios caminos. Tan pronto como terminé la carrera de comunicación edité un largo documental, y gracias a esa experiencia conseguí mis primeros trabajos como editor y postproductor en publicidad. Estudié otra carrera en el CCC pues sentía que necesitaba especializarme más en dirección. Mientras editaba y postproducía publicidad, hacía mis primeros ejercicios como director de cortometrajes de la escuela, y dirigía mis primeros videoclips con amigos. Estos fueron mi carta de presentación para dar el paso a la dirección en publicidad. Desde entonces ese ha sido mi camino principal, pero la curiosidad de seguir desarrollándome en otros formatos también me ha llevado a dirigir una serie para Netflix, y otras apuestas. Ahora estoy en el desarrollo y preparación de mi ópera prima, que filmaré el próximo año. He descubierto la importancia de cultivar mi creatividad en espacios donde pueda seguir desarrollando ideas propias, pues de este espacio en donde florecen las ideas a cualquier otro tipo de proyectos, es ahí donde nace la visión que se puede aplicar a otros formatos.

¿Cómo fue la experiencia trabajando para Netflix en la realización de América versus América? ¿Qué aprendizajes obtuvo?
Fue una gran responsabilidad el estar en la dirección de un proyecto que involucraba la pasión de millones de espectadores, que ya tenían una relación emocional con el tema, ya fuera de amor u odio. Como equipo creativo, teníamos un montón de retos narrativos, pues debíamos condensar más de 70 años de historia, decenas de personajes y arcos dramáticos, más de doscientas entrevistas, cientos de horas de material filmado, e infinitas horas de archivo, en seis capítulos de menos de una hora. La búsqueda por encontrar el mejor camino que condensara la historia llevó a un proceso largo de experimentación, de prueba y error en todas sus fases de producción. Encontrar la premisa, el simple logline por el cual se terminó de construir toda la idea, tomó meses de probar y descartar muchas otras premisas. Este aprendizaje y búsqueda, motivado por la pasión de todo el equipo, me enseñó mucho del proceso creativo, sobre todo a confiar en que la incertidumbre, la continúa prueba y error, y el fracaso, son parte del mismo proceso que lleva a la excelencia. Una vez más, fue en la edición y postproducción donde encontramos el ritmo, la narrativa, y personalidad de la serie. Fue una cacería creativa maratónica, de la cual aprendí personal y profesionalmente en la misma proporción.

¿Qué proyectos considera que fueron una bisagra en su carrera y por qué?
Creo que cada proyecto es una pequeña bisagra que conecta a un punto nuevo, la mayoría de las veces inesperado. Mis cortos han sido intentos de conectar con el universo y búsquedas personales y me han llevado a búsquedas que van más allá de lo visual, a terrenos y búsquedas personales. En la publicidad, la campaña que dirigí para Indio, “México Unido”, fue una pieza en la que exploré recursos y un lenguaje que renovó un interés en hablar desde la mexicanidad desde un lugar fresco y honesto, y me trajo grandes oportunidades para hacer nuevas campañas y poder perfeccionar e ir definiendo un estilo propio.

¿Puede comentar de qué se trata el proyecto que realiza junto a Natalia Lafourcade y cómo llegó a él?
Hablando de proyectos bisagra, este año he estado dirigiendo junto a ella el show de su último disco “De todas las flores”, en un tour que ya ha visitado 9 países y pronto se presentará en México. Los visuales, parte fundamental del diseño del show, fueron el resultado de un proceso creativo de meses, en el cual aprendí mucho junto a Natalia y tuve uno de los rodajes más felices e intensos de los que tengo memoria. El set se convirtió en un espacio ritual, se sentía la pasión y la concentración de todo el equipo, que sostenía el set y había hecho el proyecto suyo. Fue un proyecto al que pusimos mucho amor, pues desde el diseño de la producción buscamos diseñar un terreno de juego y experimentación. Bajo estas condiciones, cultivamos con tiempo las ideas, el trabajo coreográfico y artístico de cada pieza. El resultado final al ver correr el show en vivo ha sido impresionante, son más de dos horas de contenidos visuales que juegan con la música de una manera teatral y coordinada. La emoción que se genera con el público y las interpretaciones que hacen de los contenidos son tan diversas como su imaginación y su conexión con la música, y me llena de emoción saber que este objetivo que nos planteamos desde el diseño, se está logrando en la ejecución.

¿Qué mirada diferencial siente que puede aportar a la industria mexicana al ser un director local?
Creo que la pertenencia a una cultura, y el punto de vista de quien crea el mensaje, le da valor a una marca de maneras que parecen intangibles, pero no lo son. La representación con una marca se puede lograr cuando la audiencia se conecta con el mensaje, pero ésta se logra mediante un equilibrio de decisiones de dirección, que es muy fácil de romper o caricaturizar. Cuando esto pasa, se genera el efecto opuesto, se genera una distancia de la marca a la audiencia. Veo una tendencia en la publicidad mexicana que busca abordar la mexicanidad desde lo puramente estético y se olvida de la esencia, de lo ideológico, de estos valores intangibles que nos definen y así, sin querer, también se aleja de su audiencia. Como director local, tengo una relación cercana, muchas veces emocional, con los productos, o conozco a la gente que los consume, y puedo aportar desde mi experiencia a construir un concepto y una ejecución sólidos que apunten a esta representación.

Redacción Adlatina

por Redacción Adlatina

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