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Lunes 4 de julio de 2022

Publicidad Argentina | ENTREVISTA AL DIRECTOR DE ARGENTINACINE

Por Redacción Adlatina |

Martín Romanella: “La Argentina suma un grano de arena en levantar el listón de la publicidad a nivel global”

El director recorre su carrera, habla de la producción audiovisual, de su estilo visual y cuenta en qué está trabajado actualmente.

 Martín Romanella: “La Argentina suma un grano de arena en levantar el listón de la publicidad a nivel global”
Romanella: “Intento rescribir el guión con imágenes sugerentes, recorrer mentalmente el set como si se tratara de una previsualización tridimensional”.

Martín Romanella lleva más de quince años en el roster de directores de Argentinacine: desde 2004. Pero antes de eso, en 1998, el Consejo de Cine Argentino (INCAA) le otorgó a Candela, una película escrita y dirigida por él, un premio de desarrollo y producción. La película tuvo éxito en festivales internacionales de cine y abrió muchas puertas para Romanella. Ese fue el comienzo de su carrera profesional como director.

Vivió en Londres, y allí comenzó a dirigir videos musicales, pero rápidamente los comerciales se convirtieron en su pasión. Trabajó con las agencias de publicidad y grupos de medios más importantes del mundo, está representado en todos los continentes y recibió premios en festivales como Cannes Lions, Wave, Cíclope, Fiap y San Sebastián. En 2009 formó parte del Saatchi & Saatchi New Directors’ Showcase (hoy, New Creators’ Showcase) en Cannes Lions.

Cuando se le pide identificar su primer acercamiento al cine, reflexiona: “Incluso inmerso en estudios no me interesaba la imagen en movimiento. Lo que me apasionaba, y aún lo hace, terminó decantando en cine”. Cuenta que escribía ficción en general, relatos, novelas, cuentos. Lo hacía sin formación en letras. Simplemente “le salía”, dice. “Hoy vuelvo a leer cosas de aquella época y son relatos malos, densos, copiando el estilo de autores a los que admiraba. Pero rescato la facilidad con que de repente aparecían 400 páginas y la disciplina de no abandonar el escrito y darle vueltas y más vueltas”, recuerda.

En cuanto a su dirección en publicidades, usted tiene trabajos icónicos. ¿Hay alguno al que siempre vuelva, ya sea por melancolía o porque rescata algún rasgo que le sirve para sus nuevos trabajos?
─Suelo ocupar la cabeza en lo próximo. Sí es verdad que la experiencia nos hace más agudos en lo que muchas veces se convierte el músculo en el set: adaptarse frente al problema, reinventar lo que uno soñó frente a lo que realmente es. Aprender a reprogramar un evento. Está la sabia filosofía oriental de “capturar la realidad” en lugar de la “acción”. Y es así. El guión decía “sol”, pero está nublado. El actor tenía humor en el callback y un buen nivel de improvisación, pero justo esa mañana discutió con alguien y ahora da apático y no tiene ocurrencias. Lo que termina sirviendo para los nuevos trabajos es esa mochila de recursos ante ese imprevisto que siempre se asoma, porque es parte de la esencia y belleza de un rodaje. En resumen, rescato el bagaje de experiencias que se materializa en esa especie de manual de supervivencia y en el acceder rápidamente a esa mente fría que muchas veces necesita el trabajo del director. Si vuelvo mentalmente a los trabajos pasados es más porque muchos los compartí con mi amigo Augusto Giménez Zapiola, y esas anécdotas y vivencias sacan unas risas.

En lo personal, ¿cuáles son sus fortalezas?
─No sé si son fortalezas. Puedo decir cuáles son las etapas o cosas que más me atraen en el proceso. El guión y lo visual es lo primero que surge. Intento rescribir el guión con imágenes sugerentes, recorrer mentalmente el set como si se tratara de una previsualización tridimensional, y entender qué necesita esa puesta en escena. Esa es mi especie de terapia recurrente. Luego descubrirle todos los ángulos posibles a una localización. Esto ya es físico, necesito visitarla y tomarme el tiempo fotografiándola antes de poder sentarme a dibujar los planos. No me sale de otra forma. Me gusta crear atmósferas, que exista tensión de alguna forma, y siempre intento meter un plano que sea inesperado por lo sugerente, surreal, o abstracto.

¿Como podría definir su estilo visual?
─Lo que me atrapa de los guiones es el cuento, y es desde donde empiezo a construir. Intento determinar un género, por más que sea de forma sutil. ¿Tiene lo que se cuenta suspenso, tensión, acción, elementos de fantasía o de drama? Suelo tener el instinto inicial de construir a partir de ese viaje sensorial o atmosférico propios de formatos de mayor duración, para después condensar. Y sea lo que sea que se narre, coquetear con algún tipo de emocionalidad.

¿Puede adelantar en qué está trabajando?
─En este preciso instante estoy terminando el corte de una campaña de Corona para la agencia La América, editando una campaña rodada en Egipto para la productora italiana The Family y preparando un rodaje en Kurdistán, Irak, para el cliente de telefonía IQ.

¿Que le aportó la experiencia de filmar en otros países a su labor como director?
─Es como el chef curioso que viaja y de cada continente se inmiscuye en cocinas y adopta formas de elaborar platos que luego adapta a su propio estilo. Son vivencias, hay que estar allí, no se sacan de un tutorial. En resumen, lo que aportan los procesos en distintas culturas es justamente eso: adoptar metodologías, detalles de logística, producción, incluso ideas legales si en el país hay un gremio, asociación o sindicato potente como la DGA en los Estados Unidos, la ADG en Australia o la DGGB en Gran Bretaña. El trabajo en la dirección de otras culturas, por más similares o disimiles, lleva a replantearse también los códigos socioculturales y a convertirnos en los sociólogos falsos que muchas veces tenemos que ser. El humor cambia por países, el nivel de ironía, la forma en que dos personas insinúan interés entre ellos no es igual en Asia que en países de Medio Oriente, África o Sudamérica. Los códigos cambian, la forma de decir o entonar, el lenguaje corporal. Es una de las partes más interesantes de nuestro trabajo: nos hace mirar, estudiar, preguntar, leer y tener una visión más amplia.

¿Cómo ve la creatividad publicitaria en la Argentina?
─Es siempre una pregunta que despierta polémica. Supongo que depende del ángulo desde el que se la mire. Viví en el transcurso de mi vida en varias capitales por tiempos prolongados: Nueva York, Los Ángeles, Londres, Viena, Madrid, Buenos Aires. Y si bien en todos estos mercados se producen cosas excelentes, yo noto que en la Argentina hay algo distinto. Bueno, no es algo que yo noto, es algo que cualquier curioso de la publicidad sabe. Creo que esa diferencia surgió en el pasado, cuando las agencias decidieron darle a la audiencia material sugerente, inteligente e irónico. Se atacaba para un nivel intelectual alto. Y se entendía. Mientras en otros países ya comenzaban los testeos absurdos, la narrativa digerible y al grano, en la Argentina la publicidad era otra cosa, sorprendía. Y hoy, en menor nivel, sigue sucediendo que la Argentina suma un grano de arena en levantar el listón de la publicidad a nivel global. Y esto es gracias a las agencias que empujan y a los clientes que se animan.

¿Cúal es su otra pasión, además de la dirección publicitaria?
─Definitivamente, y en paralelo, fue y es la escritura de guiones de ficción para largometrajes o series de TV. Fundé en Madrid la plataforma Cave Letters, que funciona como agencia literaria especializada en la creación de contenido. Y no lo hago con la intención de dirigir los proyectos, sino simplemente de usar el ojo de director para viajar por las distintas escenas y darles quizás el plus que un guionista sin experiencia en set no tenga. Para la RAI y la RTVE estoy desarrollando una miniserie producida por Mondo Studios; para la Cámara de Comercio de Hollywood y Paramount, una biopic que conmemora los cien años del cartel de Hollywood, que se estrenará en 2023; para la productora española New Folder, un largometraje de ficción; y siempre desarrollando con colegas escritores nuevas propuestas de contenido original o adaptación de novelas para formato largo.

La productora en la que lleva más tiempo es Argentinacine. Ya mencionó en otra respuesta a su fundador, Giménez Zapiola. ¿Qué la hace especial?
─Hace más de quince años entré en lo que hoy es parte de mi familia. Y creo que esa es una virtud de Augusto y de Facundo Saravia, y que también la tienen los productores. He trabajado en muchas casas productoras, entre las que me representan habitualmente o simplemente producen un determinado evento. Es medianamente normal la buena disposición, el buen clima, el trato correcto y el intentar ser efectivos. Eso es un standard en las productoras. Lo que tiene distinto Argentinacine es el clima de familiaridad y cercanía. Eso la hace especial. También la hace única el compromiso con las historias. El lugar en que se ubica al futuro espectador. Argentinacine es un núcleo que albergaba directores de largometraje, profesionales interesados por el cuento y no por un despliegue de imágenes vacías. Una búsqueda no sólo del tipo de narrativa que se genera, sino de tomar un comercial como un pequeño film en que el elemento de venta se filtra dentro de un relato mayor. Argentinacine es una productora a la que le interesa hacer las cosas bien.

¿Qué les diría a las personas que comienzan una carrera en producción audiovisual?
─Que en paralelo al crecimiento de su visión artística desarrollen su capacidad de tolerancia, respeto y control de la ansiedad, porque lo audiovisual es un trabajo en que el liderazgo de equipo es tan clave como las innovadoras ideas que se puedan concebir. Las genialidades y originalidades son clave, pero aprender a trabajar en equipo, saber escuchar y filtrar, la humildad y el respeto son cosas que se agradecen, porque no olvidemos que la tensión y el estrés ya están en el ADN de nuestra industria.

Redacción Adlatina


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