Después de más de tres décadas ayudando a crear marcas, Pablo Gil amplía hoy su campo de acción para acompañar también a founders, líderes y equipos. En esta conversación reflexiona sobre el futuro de la industria y el camino que decidió recorrer, convencido de que el desarrollo humano será la base de organizaciones más rentables y con mayor bienestar.
Después de tantos años en la industria, ¿cómo ve el momento que está atravesando la publicidad?
Quiero dejar de hablar de cambio para hablar de evolución. El cambio suele hacernos reaccionar a los acontecimientos. La evolución nos invita a asumir la responsabilidad sobre quiénes somos y los resultados que creamos. Lo que hoy vivimos no lo inició la inteligencia artificial. Empezó en 2009, después de la crisis financiera global, cuando nació Uber y comenzaron a surgir nuevos modelos basados en plataformas. Ahí entendimos que la tecnología no solo iba a cambiar industrias, sino también la forma en que las personas accedían al trabajo, a los servicios y al talento. En esos años ya hablábamos de la “uberización” de la publicidad. Era cuestión de tiempo. Así como Airbnb redefinió la industria del hospedaje, nuestra industria dejó de estar organizada alrededor de grandes estructuras para convertirse en un ecosistema donde conviven grupos internacionales, agencias independientes, equipos in-house, especialistas, creadores de contenido e inteligencia artificial. La IA no es la causa de esa transformación; es el acelerador más potente que apareció hasta ahora. El valor ya no está en el tamaño de la estructura, sino en la capacidad de generar valor. Y eso abre una enorme oportunidad al mismo tiempo que un gran desafío. Cuando todos tenemos acceso a las mismas herramientas, el verdadero diferencial se vuelve humano. Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, más importante se vuelve desarrollar el talento, el criterio y la capacidad de crear. La publicidad está en alza, las proyecciones de inversión publicitaria siguen siendo muy alentadoras. Este año, por primera vez, superará el billón de dólares a nivel global. Nunca fue tan importante comunicar. Pero tampoco fue tan importante demostrar el impacto de cada inversión.
¿Ese contexto también explica su transformación profesional?
Sí y no por elección, sino por sincronicidad. No fue una transformación planificada. Hace varios años atravesé una crisis personal muy profunda que cambió también mi manera de entender la creatividad, el liderazgo y el trabajo. Lo que comenzó como una búsqueda de sanación me llevó a estudiar coaching, mindfulness, yoga, filosofía, psicología, neurociencia y desarrollo espiritual. Mientras tanto, el mundo también atravesaba su propio proceso: pandemia, cambios culturales y la aparición de la inteligencia artificial como un nuevo punto de inflexión. Con el tiempo entendí que esas dos historias estaban profundamente conectadas. Descubrí que detrás de muchos problemas estratégicos había personas agotadas, equipos desconectados, líderes sin claridad y culturas que ya no acompañaban la velocidad del contexto. Ahí tuve una revelación que hoy guía todo mi trabajo: La calidad de lo que una organización crea depende del estado interno de quienes crean.
¿Así nació byPabloGil?
Exactamente, byPabloGil nace de una convicción de volver a poner el nombre de las personas en la puerta de las empresas, porque las empresas son, antes que nada, las personas que las construyen. Es la síntesis de mi experiencia profesional y de mi propio recorrido personal. Todo lo que hago hoy parte de una idea muy simple: Del Ser al Crear. Durante muchos años pensé que el trabajo consistía principalmente en hacer. Hoy creo que antes de hacer necesitamos crear. Y antes de crear necesitamos desarrollar a la persona que crea. Por eso acompaño a founders, líderes y equipos a desarrollar capacidades como creatividad, bienestar, pensamiento crítico, liderazgo, inteligencia emocional y conciencia. Creo que esas serán las verdaderas ventajas competitivas de esta nueva etapa. Con el tiempo descubrí que mi mayor aporte no estaba solo en la estrategia, la creatividad o el coaching por separado, sino en la integración de esos tres mundos. Hoy utilizo la propia historia del fundador, del líder o del equipo creativo como punto de partida para desarrollar propósito, fortalecer capacidades humanas y acelerar la creación de nuevas ideas, potenciadas por herramientas de inteligencia artificial cuando generan valor. Estoy convencido de que obtener resultados económicos es plenamente compatible con el bienestar y con generar un impacto positivo. Mi intención es aportar valor y ayudar en esa búsqueda.
¿Y qué lugar ocupa hoy Coupe dentro de esa visión?
Coupe es la evolución natural de ese recorrido. Sigue siendo el músculo de creación y activación de las ideas, con toda la experiencia que construyó como agencia durante más de quince años. Da vida a la propuesta del Ser al Crear. Y en esa evolución apareció algo muy especial: trabajar junto a mi hija Olivia. Ella representa una generación que nació en un contexto completamente distinto al mío. Se formó en publicidad, dirección de arte, fotografía y creación de contenidos. Entiende de manera natural los nuevos lenguajes, las comunidades, las plataformas y la inteligencia artificial. Hoy unimos mis más de treinta años de experiencia en estrategia, marketing y construcción de marcas con su sensibilidad estética, su mirada contemporánea y su dominio de las nuevas formas de crear contenido. Más que un recambio generacional, construimos una propuesta complementaria que integra experiencia y nuevas perspectivas en un contexto profundamente híbrido. Eso nos permite acompañar a founders y marcas de una forma mucho más integral. Podemos participar desde el desarrollo del líder y la definición del propósito hasta la estrategia, el posicionamiento, la creación de contenidos, el desarrollo de activos digitales y la implementación de proyectos y campañas. Ya no pensamos la creatividad como una solución aislada, sino como un proceso que integra desarrollo humano, estrategia, creación e inteligencia artificial para acelerar la innovación y generar resultados.
¿Cuál es el mayor desafío de este nuevo modelo que propone?
Creo que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo modelo de liderazgo. Durante décadas las organizaciones privilegiaron variables como el conocimiento, los procesos, la eficiencia y el control. Hoy muchas de esas capacidades las ejecuta mejor una inteligencia artificial. El gran desafío pasa por desarrollar aquello que sigue siendo profundamente humano: la intuición, la creatividad, la empatía, la comunicación, la inteligencia emocional, el pensamiento crítico y la capacidad de inspirar. Durante años a estas habilidades se las llamó "blandas", una expresión que, en mi opinión, les quitó valor. Yo prefiero hablar de habilidades humanas, porque serán el verdadero diferencial competitivo en una era donde la tecnología tenderá a dominar y democratizarse. Es un error creer que el desarrollo humano no impacta en los resultados económicos. Todo lo contrario. En un contexto de tanta presión, incertidumbre y volatilidad, las organizaciones que mejor desarrollen a sus personas construirán culturas más saludables, tomarán mejores decisiones, innovarán con mayor consistencia y, en consecuencia, obtendrán mejores resultados. El bienestar dejará de ser visto únicamente como una contribución a la calidad de vida de las personas para convertirse también en una ventaja competitiva para evolucionar.
¿Cómo imagina la industria dentro de cinco años?
Todas las empresas, desde una multinacional hasta una startup, una Pyme o un profesional independiente, necesitarán contar la historia de lo que hacen. El marketing y la publicidad seguirán siendo fundamentales. Es simple: si no te conocen, no te compran. Lo que cambiará será dónde reside el valor que aportamos a lo largo de ese recorrido. La tecnología automatizará gran parte de la ejecución y una porción cada vez mayor de la inversión se concentrará en grandes plataformas como OpenAI, Google, Meta, Amazon y otros actores globales. Por eso creo que la mayor oportunidad estará en el otro extremo: aportar aquellas capacidades que ninguna tecnología puede reemplazar. La capacidad de crear conexiones emocionales seguirá siendo humana. Durante el último siglo nos enfocamos en desarrollar el intelecto. El gran desafío de los próximos años será desarrollar la conciencia. Porque ya no nos diferencia cuánto conocimiento tenemos o qué herramientas utilizamos, sino desde qué nivel de conciencia elegimos crear, liderar y vivir con la información siempre accesible a todos. Tal vez, ese sea el mayor aprendizaje que nos deja la inteligencia artificial. Cuanto más evoluciona la tecnología, más importante se vuelve evolucionar nosotros.
La inteligencia artificial está empezando a convertirse también en un nuevo intermediario entre las marcas y las personas, ¿Qué opina de este escenario?
Durante décadas ayudamos a las marcas a ocupar un lugar en la mente de las personas. Hoy también necesitan ocupar un lugar en un ecosistema donde las inteligencias artificiales participan cada vez más en la forma en que las personas descubren, interpretan y evalúan las marcas. El posicionamiento dejó de ser una construcción estática para convertirse en un proceso vivo. Cada experiencia, cada interacción y cada conversación contribuyen a la visibilidad de una marca. Por eso empieza a hablarse de AI Visibility como la capacidad de una organización de ser comprendida, contextualizada y recomendada. La comunicación siempre fue clave para construir marcas. Las redes sociales agregaron un primer filtro de transparencia. Hoy esa reputación también la construyen agentes organizando la información de la experiencia de los clientes, la cultura de la organización, las conversaciones, las recomendaciones y toda huella que una empresa deja. Me gusta decir que la inteligencia artificial es un espejo. No inventa la reputación, sino que la refleja. Hablamos mucho de Inteligencia Artificial, pero muy poco de la inteligencia de la autenticidad como modelo de crecimiento. La autenticidad no se puede fabricar, solamente puede ser revelada. Y la coherencia es la que la hace visible. Por eso creo que el valor más importante de este nuevo contexto cultural es la integridad. El relato ya no alcanza para construir confianza. Nace de acciones genuinas que muestran la consistencia entre lo que una organización piensa, dice y hace. En definitiva, las marcas no son lo que hablan de sí mismas. Son el resultado de las intenciones y los comportamientos de las personas que las construyen. Por eso insisto en que ahí radica el verdadero diferencial humano de esta época.