Tessa Lyons abrió el panel titulado The evolution of creativity con la siguiente afirmación: "Estamos viviendo una edad dorada de la creatividad". Según explicó, durante gran parte de la historia la creatividad dependía de tres elementos: una persona con una idea, los medios para producirla y la posibilidad de distribuirla. Mientras que el talento siempre estuvo presente, durante siglos la producción y, sobre todo, la distribución estuvieron controladas por unos pocos.
Para ejemplificarlo, recordó el caso del Salón de París, que durante más de dos siglos definió qué obras podían ver los espectadores. Sin embargo, sostuvo que hoy ese escenario cambió radicalmente. Ahora cualquier persona con un teléfono puede crear contenido y encontrar una audiencia.
En ese contexto, Lyons afirmó que cada avance tecnológico que amplió los medios de producción generó temores sobre el futuro del arte, desde la aparición de la música grabada hasta la irrupción de internet. La inteligencia artificial, aseguró, no es una excepción.
"La IA no es el final de la historia de la creatividad humana. Es el capítulo más reciente. Es una herramienta. Algunos la usarán muy bien, otros muy mal. Generará nuevos problemas, pero también nuevas oportunidades", aseguró.
Sin embargo, advirtió que esa abundancia de contenido traerá una nueva escasez: "En un momento donde la creatividad es tan abundante, las personas buscan aquello que se siente auténtico, confiable y honesto". Para Lyons, la autenticidad será el principal diferencial de los creadores en los próximos años.
A continuación, Daniel Arsham repasó cómo cambió la carrera de los artistas desde que comenzaron las redes sociales. Recordó que cuando terminó sus estudios el principal objetivo era conseguir una galería que representara su trabajo, ya que ese era el único camino para acceder al público.
"Junto con unos amigos creamos nuestro propio espacio para mostrar nuestras obras. Ese fue el comienzo de todo", recordó.
También contó una de las anécdotas más conocidas de sus primeros años: antes de reunirse con el galerista Emmanuel Perrotin construyó una réplica de su galería dentro de su estudio, completamente realizada en cartón, donde montó una exposición. Aquella iniciativa terminó convirtiéndose en su primera muestra en París y dio inicio a una relación profesional que continúa hasta la actualidad.
Consultado sobre las colaboraciones entre artistas y marcas, Arsham sostuvo que solo funcionan cuando existe una conexión genuina entre ambas partes.
"Hay marcas que simplemente no deberían colaborar con artistas. La relación tiene que sentirse auténtica", explicó.
El artista también defendió este tipo de asociaciones al considerar que le permitieron ampliar enormemente el alcance de su obra: "Las colaboraciones con marcas y las redes sociales me dieron la posibilidad de llegar a personas que probablemente nunca habrían visitado una galería o un museo".
A continuación, la ejecutiva y el artista abordaron el impacto de la inteligencia artificial en los procesos creativos.
Inspirado en una próxima exposición basada en el mito de Prometeo, Arsham comparó la IA con el fuego que el titán robó a los dioses para entregárselo a la humanidad. "Es un regalo, pero también una maldición", sintetizó.
El artista explicó que ya utiliza inteligencia artificial para diseñar recorridos expositivos y visualizar espacios antes de construirlos físicamente, aunque considera que su expansión también provocará una revalorización del trabajo manual.
"Cuanto más presente esté la IA en nuestra vida cotidiana, más valoraremos aquello que sabemos que fue hecho por una persona. La imperfección tiene un valor que ninguna inteligencia artificial puede reproducir", afirmó.
Lyons coincidió con esa mirada y explicó que, además de asistir en la creación de contenidos, la IA también está modificando la forma en que las personas descubren nuevas publicaciones dentro de Instagram.
"Durante muchos años el algoritmo fue una caja negra. Gracias a la IA podemos hacerlo mucho más comprensible y darle a las personas un mayor control sobre lo que quieren ver", explicó.
Otro de los ejes de la charla fue el valor del error dentro del proceso creativo. Lejos de presentar el éxito como un recorrido lineal, Arsham aseguró que el fracaso forma parte inevitable del trabajo de cualquier artista.
"Mi carrera está llena de fracasos. Obras que no funcionaron, proyectos que nunca se concretaron. Lo interesante es que nadie los recuerda. Muchas veces esas ideas regresan años después convertidas en otra cosa", reflexionó.
En ese sentido, contó que cuando dicta clases suele recibir una pregunta recurrente de los estudiantes: cuándo llega el momento en que todo empieza a resultar fácil. "La respuesta es que ese momento nunca llega", sostuvo.
Sobre el cierre, ambos coincidieron en que la inteligencia artificial reducirá drásticamente las barreras de entrada para industrias como el cine, permitiendo que nuevos creadores desarrollen proyectos que antes dependían de grandes presupuestos y estudios.
Finalmente, Lyons resumió el principal mensaje de la conversación: "La tecnología alcanza su mejor versión cuando está al servicio de la creatividad humana". Una idea que, para ambos, resume el futuro de la industria: un escenario donde la IA amplificará las posibilidades de creación, pero donde la autenticidad seguirá siendo el verdadero diferencial.