¿Qué significa para la agencia ganar este oro?
Un nuevo oro siempre es una alegría. Recibir el máximo reconocimiento por un trabajo es muy importante para el equipo y para los clientes.
La adrenalina de ser reconocido ante un auditorio compuesto por algunos de los mejores creativos del mundo es algo que siempre emociona. Es una experiencia muy especial y una enorme satisfacción para todos los que participaron del proyecto.
¿Por qué considera que la campaña merecía ser premiada?
Creo que la campaña es premiable por una combinación de factores. Tiene un problema de negocio muy legítimo, una solución novedosa en la que el producto es el protagonista y una ejecución extremadamente cuidada.
También hubo un gran trabajo artesanal junto al miniaturista Simon Weisse, que requirió mucho tiempo y dedicación. Cuando se combinan todos esos elementos, el resultado es una pieza especial desde cualquier punto de vista.
Por eso considero que es una campaña merecedora de un reconocimiento máximo, como lo es un Oro en el Festival de Cannes.
¿Cómo fue el proceso creativo y estratégico para dar a luz a la idea?
Había un problema muy claro: los cafés de especialidad son muy ricos y muchas personas incorporan el ritual de salir a tomarlos, terminando por gastar mucho dinero en algo que podría costar mucho menos si adoptaran el hábito de prepararlo en casa con una cafetera de calidad, como las de DeLonghi.
Con ese desafío de negocio sobre la mesa, surgió una observación: la máquina, de alguna manera, se parece a un pequeño edificio. A partir de ahí pensamos: ¿qué pasaría si la vistiéramos como una cafetería? Son objetos muy atractivos, con un diseño muy cuidado, y esa idea encajaba perfectamente.
El proceso fue justamente ese: unir una tensión muy presente hoy en el mundo del café con una observación sobre el producto que vende DeLonghi, fabricante de cafeteras. Así nació esta historia artesanal, simple y encantadora, que hoy además está siendo reconocida.
EL CASO PREMIADO