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SXSW 2026

Primer día entre educación, materiales del futuro e inteligencia social, por Omar Romero

Durante unos días, South by Southwest no funciona como un evento tradicional. No es un congreso encerrado en un edificio ni una feria tecnológica con pasillos previsibles. Es más bien una especie de experimento urbano donde cultura, tecnología, cine, ciencia y negocios se mezclan sin pedir permiso. A continuación, el mentor estratégico en Victory Games comenta sus impresiones de la primera jornada.

Primer día entre educación, materiales del futuro e inteligencia social, por Omar Romero
“Austin vuelve a hacer lo que mejor sabe: convertir una ciudad entera en una conversación”, dice Omar Romero.

Por Omar Romero

Mentor estratégico en Victory Games

Desde 1987, cuando comenzó como un festival musical relativamente pequeño, SXSW se transformó en uno de los espacios donde suelen aparecer las primeras pistas de lo que después termina moldeando industrias completas. Plataformas digitales, nuevos modelos de negocio, narrativas culturales y tecnologías emergentes han pasado por sus escenarios antes de convertirse en parte del paisaje cotidiano.

Hoy el festival tiene ediciones internacionales en ciudades como Londres y Sydney, pero Austin sigue siendo su territorio natural. El lugar donde la mezcla funciona mejor.

Austin como laboratorio

Una de las particularidades de SXSW es que no ocurre en un solo lugar.

Las actividades se dispersan por hoteles, bares, salas de cine, teatros, centros culturales y auditorios temporales. La ciudad entera se convierte en infraestructura del evento.

Este año la situación es todavía más particular: el Austin Convention Center fue demolido para iniciar una reconstrucción que se extenderá hasta 2029. En lugar de frenar el festival, esto terminó acentuando algo que ya era parte de su ADN: la dispersión.

SXSW funciona ahora como una red.

Miles de asistentes caminan de un panel a otro, coordinados por centenares de voluntarios que sostienen una logística que, vista desde afuera, parece caótica, pero termina funcionando con una sorprendente precisión.

Por unos días, Austin opera como una ciudad paralela dedicada a discutir el futuro.

Un primer día para abrir preguntas

El primer día del festival suele ser exploratorio.

Más que conclusiones, aparecen señales.

Las conversaciones del día se movieron entre tres territorios aparentemente distantes: educación, ciencia de materiales e inteligencia social. Tres temas que, curiosamente, comparten una misma pregunta de fondo: cómo reorganizar las instituciones humanas en una época acelerada por la tecnología.

Educación frente a la inteligencia artificial

Uno de los debates más recurrentes fue el papel de la educación superior en la era de la inteligencia artificial.

Investigadores como Lyn Jeffery, del Institute for the Future, plantearon que muchas universidades siguen organizadas alrededor de lo que denominaron “zombie ideas”: creencias que continúan estructurando instituciones aunque el contexto haya cambiado.

Un ejemplo evidente es la idea de que un título universitario garantiza movilidad económica. Los datos recientes sugieren que esa relación ya no es tan clara como hace algunas décadas.

Desde la perspectiva de foresight, el panel planteó cuatro posibles escenarios para la universidad del futuro:

                •             Universidades centradas en habilidades humanas difíciles de automatizar

                •             Universidades que integran IA como herramienta pedagógica cotidiana

                •             Instituciones que priorizan las dimensiones sociales del aprendizaje

                •             Trayectorias educativas diseñadas parcialmente por sistemas algorítmicos.

La conversación no buscaba elegir un modelo ganador, sino aceptar algo más incómodo: probablemente veremos coexistir varios al mismo tiempo.

Moonshots educativos

Otro panel exploró la innovación educativa desde una lógica poco habitual en ese sector: la investigación de alto riesgo.

Arati Prabhakar, exdirectora de DARPA, explicó que muchos avances tecnológicos surgieron de metas que inicialmente parecían improbables. Los llamados moonshots.

Aplicado a la educación, el argumento es provocador: tal vez el aprendizaje debería tratarse como un campo de experimentación constante.

Tecnologías como analítica de aprendizaje, inteligencia artificial y realidad aumentada podrían ampliar la capacidad de los docentes para detectar patrones cognitivos en los estudiantes que antes simplemente eran invisibles.

En este enfoque, la tecnología no reemplaza al profesor.

Le amplía la percepción.

Los materiales que definirán la próxima infraestructura

Uno de los temas menos mediáticos del día, pero probablemente más transformadores, apareció en las conversaciones sobre ciencia de materiales.

Investigadores presentaron avances en materiales compuestos basados en nanotubos de carbono capaces de combinar múltiples funciones en una misma estructura.

Un mismo material podría actuar simultáneamente como estructura física, sistema térmico, blindaje electromagnético o superficie acústica.

Puede parecer una discusión técnica, pero la historia industrial muestra algo interesante: los grandes saltos tecnológicos suelen comenzar en los materiales.

El acero habilitó el ferrocarril.

El aluminio hizo posible la aviación moderna.

La fibra de carbono redefinió múltiples industrias.

La próxima revolución industrial probablemente también empezará ahí.

Inteligencia social: la necesidad de importar

Quizás el concepto más humano del día apareció en una charla sobre conexión social.

La periodista Jennifer Breheny Wallace introdujo el término mattering, que podría traducirse como la necesidad de sentir que uno importa para otros.

La idea plantea que muchas nostalgias contemporáneas no se refieren realmente al pasado, sino a la sensación de pertenencia que generaban las estructuras sociales de la vida cotidiana: barrios, rutinas compartidas, comunidades relativamente estables.

En ese contexto surge una pregunta incómoda.

Si la automatización reduce la necesidad de ciertas tareas humanas, el problema no será únicamente económico.

Será existencial.

¿Cómo diseñar sociedades donde las personas sigan sintiendo que importan?

La salud social

De esa conversación emerge un concepto que comienza a aparecer con más frecuencia en investigación académica: salud social.

La calidad de nuestras relaciones podría convertirse en uno de los principales determinantes de bienestar en las próximas décadas, con impacto en longevidad, productividad y estabilidad comunitaria.

El bienestar dejaría de ser entendido exclusivamente como un fenómeno individual para ser interpretado como un fenómeno relacional.

Automatizar el pasado o diseñar el futuro

En varias conversaciones informales apareció una observación interesante.

Muchas organizaciones están utilizando inteligencia artificial para automatizar procesos existentes.

Pero optimizar el pasado no necesariamente produce el futuro.

La verdadera transformación probablemente requerirá rediseñar instituciones completas: educación, trabajo, ciudades, organizaciones.

La tecnología acelera cambios.

Pero el sentido de esos cambios sigue siendo una decisión humana.

Tres capas del cambio

Si algo reveló el primer día de SXSW es que el debate sobre el futuro ocurre en tres niveles simultáneos.

Primero, la infraestructura tecnológica: inteligencia artificial, nuevos materiales, sistemas digitales.

Segundo, las instituciones que organizan la vida social: educación, trabajo, economía.

Y tercero, la experiencia humana: pertenencia, propósito, cooperación.

Las conversaciones del día se movieron constantemente entre estas capas.

Recordándonos algo que a veces olvidamos.

El futuro no es solamente una cuestión de tecnología.

Es, sobre todo, una cuestión de diseño social.

Lo que viene

El primer día de SXSW siempre deja más preguntas que respuestas.

En los próximos días el programa abordará temas como geopolítica, economía global y escenarios de largo plazo. Conversaciones que probablemente intentarán conectar las múltiples piezas que ya empezaron a aparecer.

Por ahora, Austin vuelve a demostrar por qué este festival sigue siendo un punto de encuentro singular.

Un lugar donde el futuro no se presenta como una promesa clara.

Sino como una conversación abierta que apenas comienza.

Redacción Adlatina

por Redacción Adlatina

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