Por Juani Martínez Cima y Ximena Díaz Alarcón
Director de proyectos & innovación de Adlatina Group y CEO & founder de Youniversal
En las agencias más dinámicas de la región empieza a consolidarse un modelo intergeneracional deliberado: duplas o células que combinan seniority y nuevas miradas, con objetivos compartidos y como fórmula de equilibrio creativo. La encuesta confirma el atractivo de este modelo: el 74% prefiere trabajar en agencias con un mix de líderes jovenes y líderes más experimentados.
Las agencias que adoptan este modelo lo entienden como una ventaja competitiva: equipos que mezclan velocidad con perspectiva, energía con criterio, intuición cultural con pensamiento estratégico. “Los mejores equipos son los que tienen una mezcla de edades, gustos, nacionalidades y puntos de vista, y donde todos son escuchados”, sostuvo uno de los entrevistados.
La convivencia entre generaciones aparece entonces como condición necesaria pero no suficiente. Es valorada, pero la demanda es clara: dar poder real a los jóvenes, no sólo visibilidad. “Es importante la convivencia entre generaciones, pero también hay que darles el poder de liderar proyectos”, dice una voz de México. “No se trata de subir por subir, sino de tener criterio y visión”, agrega otra desde Chile.
Y más allá de la edad de cada miembro del equipo, el ingrediente indispensable es la mentalidad. La encuesta confirma ese cambio de paradigma: el 83% de los participantes considera que mantenerse vigente depende más de la mentalidad que de la edad biológica. Este patrón se repite de manera consistente en todos los países, aunque con matices: en Chiley México aparece un énfasis mayor en la energía y la capacidad de reinventarse; en Argentina y Colombia, se valora la combinación entre experiencia y flexibilidad. Como sintetizó una de las voces del estudio: “La juventud no tiene que ver con los años, sino con la actitud. Con seguir preguntándose cosas.”
La mayoría de los entrevistados (sin importar su generación) reconocen que el liderazgo creativo contemporáneo exige una mentalidad joven, más horizontal y colaborativa. También coinciden con que la creatividad actual exige leer la cultura más que solo dominar los aspectos técnicos de la profesión. “Ya no alcanza con ser brillante: hay que ser permeable”, resumió uno de ellos.
La figura del director creativo todopoderoso pierde terreno frente a la del líder facilitador, que enseña, escucha y conecta ideas, personas y generaciones. Como sintetiza uno de los testimonios: “La experiencia sirve si no se convierte en un museo. La juventud sirve si no se transforma en ansiedad por demostrar.” Otro agrega: “Elegiría trabajar con el líder más fuerte, sin importar la edad… la fórmula no es tan lineal.” En suma, el liderazgo efectivo hoy no se mide en años, sino en la capacidad de mantener viva la conversación y guiar con empatía y propósito.
La idea de juventud deja entonces de ser atributo generacional para convertirse en una actitud y una mentalidad compartida. En palabras de una líder creativa mexicana: “Ser joven no tiene que ver con la edad, sino con la actitud. He visto gente de 50 años con una curiosidad tremenda y juniors de 25 que ya se volvieron viejos en sus formas de pensar”. En ese sentido, el aprendizaje fluye en ambas direcciones: los más jóvenes aportan nuevas lógicas y lenguajes, mientras los más experimentados garantizan profundidad, visión y contención emocional.
De fondo, hay un desplazamiento en la noción misma de liderazgo. “Un líder joven puede tener mucha energía, pero todavía está aprendiendo a leer la industria más grande. En cambio, un líder experimentado tiene mesura y sentido del contexto. Lo ideal es un mix que permita aprender de ambos”, señala otro testimonio. Más voces en el mismo sentido: “Los referentes no los define la edad, sino su capacidad de inspirar.” / “Con líderes de mayor trayectoria se arman ideas enriquecedoras. Para mí es fundamental la unión de ambos porque ambas visiones se necesitan y se complementan.” / “El chiste está en lograr una mezcla justa. Entre más diverso es el equipo, más rico el producto creativo.”
El mix deseable es trabajar con “líderes experimentados, sin ninguna duda, pero que tengan la mente abierta a observar lo que los jóvenes consideran importante”, dijo una profesional argentina. Otros lo sintetizaron así: “Para mí la edad no es tan importante como la apertura a deconstruirse”, “La presión es la de siempre: ideas relevantes. Lo importante es la actitud correcta, no la edad.”
La otra cara de la juventud: retener y cuidar el talento
Ante la pregunta sobre si las agencias están preparadas para tener líderes creativos jóvenes, las respuestas revelan una visión ambivalente. Solo un 20,2% considera que las estructuras efectivamente lo permiten, mientras que el 39,9% cree que todavía existen resistencias generacionales. Un 10,3% sostiene que prevalecen estructuras jerárquicas tradicionales, lo que sugiere que la apertura hacia liderazgos más jóvenes aún choca con modelos organizativos verticales. En paralelo, un 27,3% señala que en algunos casos los jóvenes son promovidos más como estrategia de retención de talento que como resultado de un desarrollo real de liderazgo.
En conjunto, los datos muestran que el cambio generacional en las cúpulas creativas avanza, pero de manera desigual: conviven prácticas de renovación con inercias estructurales que limitan la autonomía y la consolidación de nuevos liderazgos.
Si en el discurso de la industria la juventud es una virtud, en la práctica muchas veces se vuelve una carga. Ser joven en publicidad latinoamericana puede significar estar “de moda”, pero también vivir bajo presión, con poco acompañamiento y una sensación constante de reemplazabilidad. Lo que se celebra como “energía nueva” suele esconder una precariedad estructural.
Uno de los entrevistados lo resumió sin eufemismos: “La industria tiene que ser atractiva para las nuevas generaciones. Y eso no se logra dándoles cargos para los que no están preparados. Se consigue revalorizando todos los puestos, para que puedan hacer su carrera sin ansiedad y sin quemar etapas.” El entusiasmo inicial, muchas veces, choca con realidades menos inspiradoras: bajos salarios, sobrecarga de trabajo, poca formación y una cultura del urgente que deja escaso espacio para el aprendizaje.
“Hoy los verdaderos líderes que forman están demasiado ocupados como para instruir a la siguiente generación”, comentó una creativa chilena. “Antes las agencias se peleaban por encontrar el mejor talento; hoy contratan lo que consiguen.”
En muchos países, especialmente en Argentina y México, el contexto económico agrava el fenómeno: los sueldos publicitarios quedaron rezagados frente a otras industrias más tecnológicas o flexibles.
A esto se suma el impacto cultural del agotamiento. El ideal del forever young se desdibuja cuando la juventud se convierte en sinónimo de sacrificio. “Ser joven no debería significar vivir en modo burnout permanente”, dijo una redactora argentina. “Hay una generación que se crió viendo Mad Men y creyendo que la publicidad era glamour, pero lo que tenemos ahora es supervivencia.”, señala una voz aún más crítica.
Paradójicamente, las agencias que logran retener mejor talento joven son las que no romantizan la juventud: las que ofrecen mentorías, espacios de escucha, y líderes dispuestos a compartir conocimiento sin miedo a perder protagonismo. En esas estructuras mixtas, la juventud no es un requisito ni un adorno, sino un motor que convive con la experiencia. Como sintetizó un entrevistado brasileño: “Los jóvenes ven el mundo como jóvenes, los experimentados lo amplifican con su mirada. Es una combinación perfecta si hay respeto mutuo”.
El desafío, entonces, no es solo atraer juventud, sino construir futuro: que cada nueva camada pueda aprender, crecer y quedarse lo suficiente como para transmitir algo.
La vigencia no tiene edad: el arte de seguir siendo relevante
Esa tensión entre juventud y experiencia no solo marca las estructuras, también define las trayectorias individuales. En este mundo de presiones y convivencias generacionales, los rasgos más valorados para mantenerse vigente en la industria —sin importar la edad— giran alrededor de cuatro ejes: curiosidad, adaptabilidad, humildad y pasión. La curiosidad aparece como un consenso absoluto: más del 82% de los encuestados la menciona espontáneamente como condición indispensable para no volverse obsoleto, mientras que la adaptabilidad ocupa el segundo lugar (61%), asociada a la capacidad de “moverse con el cambio sin perder norte”.
En las entrevistas, este espíritu se traduce en frases como “Nunca querer dejar de aprender” o “La curiosidad y la adaptabilidad te mantienen vivo y te permiten moverte rápido sin miedo” , “La curiosidad no tiene edad; tiene que ver con esas ganas que un publicista nunca debe perder” o “Nunca perder la curiosidad. No perder el fuego. Escuchar y observar todo. Ser un explorador. Estar conectado con la cultura.”. “Entender a alguien que no sos —sea de 17 o de 70— es un ejercicio de disponibilidad emocional, no un dato del DNI”.
La humildad y la escucha —mencionadas con más frecuencia por mujeres— se vinculan con un liderazgo menos jerárquico, que entiende la vigencia como un proceso colectivo. En cambio, los hombres tienden a destacar más la resiliencia y la capacidad de decisión como rasgos esenciales para “seguir al frente”.
En términos geográficos, emergen matices: en México y Brasil, el énfasis está en la pasión y la energía (“un creativo con pasión es joven, sin importar la edad”), mientras que en Chile y Argentina prevalece la idea de método y oficio (“mantener la disciplina y seguir formándose cada día”). En Colombia y Perú, en cambio, se repite la noción de humildad como virtud estratégica: “Mantener la mente abierta, sentir curiosidad, escuchar a los más jóvenes para entender su visión”.
En conjunto, los relatos cualitativos trazan una conclusión clara: la vigencia no es un privilegio generacional, sino una práctica diaria de aprendizaje y desaprendizaje, una actitud que combina entusiasmo, flexibilidad y conciencia cultural para seguir siendo relevantes en un entorno que cambia más rápido que nunca.
En definitiva, la vigencia no se trata solo de permanecer, sino de seguir teniendo algo que decirle al presente. Es una forma de inteligencia cultural: saber leer el pulso de la época, reinventar la mirada y sostener la curiosidad como motor, sin importar la edad que se tenga.

