“Llegué a los 35, con tres hijas y tres libros publicados, y sentía que me faltaba algo para ser totalmente feliz, si es que cabe un estado de esa naturaleza –explicó Gustavo Rodríguez, vía email, a adlatina.com–. Ese algo que me faltaba lo encontré al alejarme dos meses de la publicidad para analizar mi vida. Ahora tengo una tranquilidad que no había tenido nunca. Estoy vendiendo mis acciones en Quórum/ Nazca S&S para poner una empresa personal que, además de hacer campañas publicitarias convencionales, brinde asesoría a empresas en los aspectos de la comunicación persuasiva que ni la publicidad tradicional ni el PR llenan del todo”.
La nueva empresa de Rodríguez, que se llama Toronja “porque me gusta más como suena que cómo sabe”, nace con el objetivo, planteado por su fundador y titular, de permitirle pasar más tiempo con familia, de no verse obligado a “hacer que otra gente deje de ver a la suya” y de facilitarle el tiempo necesario para dedicarle más atención a su otra gran pasión, la literatura, un campo en el que Rodríguez ya lleva un trecho transitado: luego de publicar “Cuentos de fin de semana” y la novela “La furia de Aquiles” (Alfaguara, 2001), en noviembre de 2002, su obra “Revelado en blanco y negro” fue finalista de la vigésima edición del premio Herralde de Novela, de España. Esa misma novela, que acaba de publicarse, está entre las más vendidas y mejor criticadas de la reciente producción literaria peruana, y el chileno Alberto Fuget –escritor joven ya consagrado en su país y en la región, responsable del grupo literario McOndo y colaborador, como Rodríguez, de la revista de cultura Etiqueta Negra– se ha convertido en uno de sus principales promotores.
Los intereses de Rodríguez, por otra parte, han demostrado abarcar varios campos, todos relacionados con lo cultural, ya que tiene desde hace un tiempo una columna en El Comercio de Lima. Allí, según el creativo, “puedo decir lo que me venga en gana”, condición indispensable, a su juicio, para que vida se desarrolle “en paz y armonía”.
La nueva empresa de Rodríguez, que se llama Toronja “porque me gusta más como suena que cómo sabe”, nace con el objetivo, planteado por su fundador y titular, de permitirle pasar más tiempo con familia, de no verse obligado a “hacer que otra gente deje de ver a la suya” y de facilitarle el tiempo necesario para dedicarle más atención a su otra gran pasión, la literatura, un campo en el que Rodríguez ya lleva un trecho transitado: luego de publicar “Cuentos de fin de semana” y la novela “La furia de Aquiles” (Alfaguara, 2001), en noviembre de 2002, su obra “Revelado en blanco y negro” fue finalista de la vigésima edición del premio Herralde de Novela, de España. Esa misma novela, que acaba de publicarse, está entre las más vendidas y mejor criticadas de la reciente producción literaria peruana, y el chileno Alberto Fuget –escritor joven ya consagrado en su país y en la región, responsable del grupo literario McOndo y colaborador, como Rodríguez, de la revista de cultura Etiqueta Negra– se ha convertido en uno de sus principales promotores.
Los intereses de Rodríguez, por otra parte, han demostrado abarcar varios campos, todos relacionados con lo cultural, ya que tiene desde hace un tiempo una columna en El Comercio de Lima. Allí, según el creativo, “puedo decir lo que me venga en gana”, condición indispensable, a su juicio, para que vida se desarrolle “en paz y armonía”.