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EL ESPACIO DE ALBERTO BORRINI

La reinvención electrónica del cigarrillo

El columnista de adlatina.com rememora una anécdota que tiene como protagonista al legendario Hugo Casares para referirse al negocio detrás del cigarrillo electrónico.

La reinvención electrónica del cigarrillo
Borrini: “Nadie sabe cómo (el cigarrillo electrónico) puede afectar a un adulto al cabo de usarlo durante 15 o 20 años”.

Fue uno de nuestros últimos y más amables encuentros, unos diez o doce años atrás si mal no recuerdo, en un restaurante de Recoleta. Hugo Casares no estaba todavía tan delicado del enfisema pulmonar que en 2009 acabó prematuramente con su vida, a los 66 años, y la conversación fue muy animada.

En un momento Hugo sacó un cigarrillo y lo llevó a la boca. Todos nos pusimos alerta porque los médicos se lo habían prohibido terminantemente. Pero era un cigarrillo electrónico; quería contarnos la broma que hacía a los guardianes del aeropuerto de Miami, ciudad donde estaba obligado a vivir seis meses al año para aliviar una enfermedad que progresaba. Mientras aguardaba el equipaje, exhibía el cigarrillo a la espera de que alguno de los controles, como siempre, se acercara para recordarle que no podía fumar allí. El cigarrillo electrónico no era muy popular todavía. Hugo hacía entonces una pirueta con la lengua y, prendido como parecía estar, lo escondía en la boca y sonreía.

Hoy nadie podría repetir el chiste. Primero, porque el uso del sosías del cigarrillo está muy extendido y la pirueta bucal no sorprendería a nadie, y también porque, sospechado, su consumo está restringido en varios países que comienzan a emparejarlo con el de verdad, y alertan sobre su venta a menores de edad que, jugando, terminarían iniciándose en el hábito que se quiere combatir. La ley en muchos países todavía no lo prohibe.

El ahora llamado Vaping (sí, ya se acuñó el neologismo que lo identifica), crece a medida que sigue bajando el consumo de cigarrillos convencionales con nicotina. Algunas grandes tabacaleras los están comenzando a producir, lo que alienta la apertura de más tiendas especializadas en el comercio de esta nueva versión del cigarrillo que empiezan a prosperar en Estados Unidos y algunos países europeos.

Las ventas de cigarrillos electrónicos se han triplicado en dos años; solamente en los Estados Unidos habrían subido de 300 millones de dólares en 2011 a 600 millones de la misma moneda el año pasado. Pero Goldman Sachs estima que estas cifras ya fueron desbordadas, y que en todo el mundo al cabo del año en curso llegarían a 2.000 millones de dólares. Estos datos los he extraído de una estupenda nota central publicada en una reciente edición del diario madrileño El País.

Se venden con gusto a vainilla, café, frambuesa o capuchino. Estos sabores podrían disimular la presencia de substancias perjudiciales para la salud, que se están investigando. Como su consumo es muy reciente, todavía no hay suficiente jurisprudencia como para prohibirlo o absolverlo. Nadie sabe cómo puede afectar a un adulto al cabo de usarlo durante 15 o 20 años. Entretanto el producto no sólo se expande, sino que se reinventa permanentemente; una versión creada en China calienta un líquido que genera un vapor que se asemeja al humo del cigarrillo convencional.

 

Con su nueva variedad de sabores y olores frutales, el cigarrillo electrónico adquiere cierta resonancia ecológica y cumpliría a la vez las funciones de aromatizador del ambiente. Es una manera de justificar su precio, nada barato: cuestan entre 8 euros los de usar y tirar, y 70 euros los más sofisticados y provistos de una batería que prolonga su duración.

Alberto Borrini

por Alberto Borrini

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